La Descristianización de Occidente

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En una visita a Río de Janeiro en Febrero, el Patriarca Kirill de Moscú invitó a los Católicos y otros fieles Cristianos a unírsele en las trincheras de las guerras culturales. “Nosotros todavía tenemos algunos desacuerdos doctrinales,” dijo el Primado Ruso Ortodoxo, de acuerdo a un reportaje de la agencia de noticias Interfax. “Pero nadie nos previene de luchar, mano a mano, para poner fin a las persecuciones, la expulsión de los valores Cristianos, la Descristianización de la civilización humana del siglo XXI.”

El Patriarca Kirill siguió enumerando los estragos de la Descristianización, o esta “fuerza política malvada disfrazada como tolerancia.” En sus palabras, estas incluían personas que les ”prohibían” usar cruces en las oficinas y de desearles a los demás una Feliz Navidad; la expansión de los matrimonios del mismo sexo y la “negativa de entender al matrimonio como una unión sagrada entre hombre y mujer”; y el aborto y las altísimas tasas de divorcio.

Esta no era la primera vez que el Patriara ha hecho un llamado a un frente ecuménico unido contra la secularización. En un discurso en Enero a la Duma, la Cámara Baja del Parlamento Ruso, él subrayó la necesidad de un diálogo ¨mutuamente respetuoso¨ entre los líderes religiosos en la lucha común ¨para proteger los valores tradicionales.” En una reunión con el Presidente Horacio Cartes de Paraguay el año pasado, el Patriarca Kirill se lamentó de cómo los  “valores Cristianos están siendo marginados en las vidas de las personas en varios países.” He advirtió: “Europa no debe perder sus raíces Cristianas.”

Aunque sin duda sincera, la retórica del Patriarca es también de una pieza con la nueva ideología Rusa, la cual presenta al Kremlin como el último bastión contra la degradación y la pobreza espiritual de orden liberal. A medida que la globalización difumina las fronteras (tanto nacionales como sexuales), y así como los medios de comunicación y el consumismo estilo estadounidense aplanan las diferencias culturales, el pensamiento va. Rusia y su Iglesia se destacan por la soberanía, la autenticidad y el vigor Cristiano.

A medida que la globalización difumina las fronteras, el pensamiento va. Rusia y su Iglesia se destacan por la soberanía, la autenticidad y el vigor Cristiano.

Este mensaje desde Moscú ha encontrado eco en algunos líderes pensadores Cristianos de Occidente. Vladimir Putin podría ser un matón, en su opinión, pero en la acción de retaguardia para preservar la fe, la familia y la nación contra el ataque ¨mundialista¨ y liberal, el hombre fuerte de Rusia no es un enemigo. El se merece por lo menos un oído simpático, ellos piensan, y él podría incluso ser un aliado táctico útil. Llamémoslo la opción Putin.

Steve Bannon lo ha considerado. En su discurso del año 2014 en los terrenos del Vaticano, el jefe de noticias de Breitbart News, ahora asesor de la Casa Blanca, dijo, “Nosotros, los Judeocristianos de Occidente, realmente tenemos que ver lo que [Putin está] hablando en cuanto a lo que se refiere el tradicionalismo — en especial el sentido en donde las bases del nacionalismo se apoyan — y sucede que yo pienso que la soberanía individual de un país es una cosa buena y una cosa fuerte.” En particular, el Sr. Bannon también siguió describiendo la Rusia de Putin como un “cronista” y un poder “imperialista” que busca “expandirse.”

En un recuento en el año 2014 de los esfuerzos para re-Cristianizar Rusia después del colapso de la Unión Soviética, el teólogo John Burgess sonó notas similares. “El peligro en Rusia a la fe Cristiana genuina viene no del zarismo o comunismo sino en cambio de una cultura global emergente que reduce la vida humana a la adquisición material y el consumismo,” escribió en Primeras Cosas (First Things en inglés). La Iglesia Ortodoxa ¨apela a la grandeza espiritual de la Nación Rusa puede ser un testigo esencial para las Escrituras en lugar de una capitulación” al Kremlin, agregó.

Rod Dreher: “Uno no tiene que creer que Putin es un ángel con el fin de respetar algunas cosas que él hace”

Para el autor y periodista del Conservador Americano (American Conservative en inglés) Rod Dreher, la promesa de redención de Putin es un tema constante. En Diciembre, el Sr. Dreher escribió sobre una reunión de dos jóvenes Católicos en Italia que vieron a al Sr. Putin favorablemente, como un “líder fuerte que abraza la herencia religiosa Cristiana de su país, y busca defenderla a ella y sus enseñanzas, especialmente contra liberales culturales cuyos puntos de vista sobre el sexo y el género están destruyendo la familia tradicional.” El Sr. Dreher añadió: “Y ¿usted sabe qué? Estoy de acuerdo con ellos, en términos generales.” Él talló algunas de sus reservas sobre el proyecto Putinista pero luego concluyó: ¨Uno no tiene que creer que Putin es un ángel con el fin de respetar algunas cosas que el hace, e incluso ser agradecidos por ello.”

No gracias. Incluso si usted, como yo, coincide en el diagnóstico subyacente — que el Occidente se ha vuelto desentendido de sus fundaciones Judeocristianas, el liberalismo ha ido muy lejos en la erosión de la autoridad tradicional y los preceptos morales — la opción Putin no es la cura. E implica riesgos que podrían probar ser ruinosos para la causa de revertir las fortunas espirituales de Occidente.

Putin: no es amigo de la libertad religiosa.

Comenzando con los inconvenientes morales de abrazar al Kremlin en nombre de la moralidad. Los Cristianos deberían juzgar el compromiso profesado por Vladimir Putin a la fe, los valores familiares y las nociones tradicionales de nación contra su gobierno corrupto y asesino en casa y su agresión contra los vecinos de Rusia.

Contrariamente a las afirmaciones del Patriarca Kirill sobre la solidaridad entre religiones, por ejemplo, Rusia está incrementalmente restringiendo el espacio doméstico para el culto, la evangelización y otras actividades religiosas. Bajo la ¨Ley Antiterrorista¨ promulgada en el verano, todos los misioneros en Rusia deben estar afiliados a las “organizaciones registradas,” y la evangelización fuera de los sitios religiosos aprobados por el Estado está estrictamente prohibido. Los infractores pueden ser multados con tanto como US$ 780, y sus Iglesias con US$ 15,500.00.

La ley no exime a la Iglesia Ortodoxa Rusa, pero loe Evangélicos, los Misioneros Mormones y otros buscadores espirituales que se han apartado del rebaño del Patriarca Kirill se harán cargo de su peso. Iglesias clandestinas Evangélicas están ganando popularidad en Rusia, así como en gran parte del resto de la región, y algunos Protestantes rechazan el registro estatal como una cuestión de principio eclesial. Estos pastores ahora se encuentran a sí mismos atrapados en las redes anti misioneras de Putin.

Por lo menos siete personas han sido acusado por la Ley para el mes de Septiembre, incluyendo un predicador Bautista estadounidense que manejaba una casa Iglesia. La Iglesia Mormona, mientras tanto, ha sido forzada a reasignar 65 misioneros fuera de Rusia, y otros han sido reclasificados como voluntarios de servicios comunitarios que no participan en actividades misioneras. En Diciembre, una corte en Vladivostok se basó en la Ley para ordenar la destrucción de 40 Biblias confiscadas al Ejército de Salvación (Salvation Army en inglés), por motivo de que los libros no habían sido debidamente etiquetados como “material religioso”.

Ni siquiera los yoguis son inmunes. Un programador de computadoras ruso en Octubre fue brevemente detenido y acusado bajo la Ley por impartir una charla sobre la filosofía detrás del yoga en un festival. El demandante había acusado al hombre de 44 años de reclutar a “personas jóvenes en las filas de esta organización pseudo-hindú”.

Cuando los regímenes Islamistas en, por ejemplo, Irán o Turquía se comportan de ésta manera, los Cristianos no vacilaremos en denunciar la represión.

La guerra del Sr. Putin contra los misioneros ha estado acompañada por una más amplia ofensiva contra las libertades civiles, incluyendo una nueva ¨lista patriótica de detención¨ dirigida a los grupos de reflexión y otras organizaciones no gubernamentales considerados como ¨agentes extranjeros¨ subversivos, así como también a los activistas nacionales que reciban financiación de dichos grupos. Los principales disidentes, como el paladín anti-corrupción Alexei Navalny, son juzgados por cargos falsos e inhabilitados políticamente. Otros tienden a morir bajo circunstancias sospechosas.

Cuando los Regímenes Islamistas en, por ejemplo, Irán o Turquía se comportan de ésta manera, los Cristianos no vacilaremos en denunciar la represión, y con razón. Sin embargo, hay una tendencia en algunos sectores conservadores Cristianos de ignorar o restar importancia a los asaltos del Sr. Putin a las libertades políticas y religiosas, o bien usar el relativismo sofista para disculparlo.

EL Sr. Dreher, por ejemplo, reclama de que el Kremlin no debe estar atado a las mismas normas de los gobiernos fundados en los ideales de la ¨Era de la Iluminación¨ tales como la separación de la Iglesia y el Estado. El Sr. Putin, escribe el jurista de la Universidad de San Juan (St. John’s University en inglés) Mark Movsesian, “no está actuando en contra de los deseos de su propio pueblo” cuando el promueve “el nacionalismo, la autoridad, la lealtad y la religión” como las alternativas auténticamente Rusas para “la Occidental, Educada, Industrializada, Rica, y Democrática” visión mundial que prevalece en Europa y los Estados Unidos.

Admitamos que Rusia es un Estado post-comunista que está tratando de recobrar su tradición Ortodoxa histórica. Hay justicia, por ejemplo, en el estado restaurando rápidamente las propiedades de la Iglesia al Patriarca Kirill confiscadas por los Comunistas, incluso si esto desagrada a los liberales Rusos que preferirían que los museos y otros activos permanezcan en manos públicas. Admitamos, también, que el régimen de Putin es muy popular entre amplios sectores de la sociedad Rusa (dejando a un lado el papel de la censura, la propaganda y el miedo en este sentido).

La pregunta para los que vemos a Moscú como un gran protector de la fe es entonces si el Putinismo es bueno para el Cristianismo Ruso. Y un seguimiento: ¿ Es el orden liberal-democrático, basado en las normas, realmente tan irredimible que los Cristianos de Occidente podrían buscar una alternativa en Moscú, con todos sus defectos? La respuesta es no, en ambos casos. Y si el pasado es un precedente, el autoritarismo al estilo K.G.B disfrazado con atuendo Ortodoxo es probable que socave tanto la autoridad de la Iglesia y el bienestar espiritual de Rusia en el largo plazo.

Un mero brillo espiritual.

Recordemos cómo, siguiendo la destrucción causada por la Revolución de Octubre, Stalin trató revivir la Iglesia Ortodoxa después de la Segunda Guerra Mundial, y la Iglesia ayudó a agitar el alma Rusa de defensa de la nación. Sin embargo, después de la guerra, Khrushchev y sus sucesores lanzaron nuevas campañas anti-cristianas, intimidando a la mayoría del liderazgo Ortodoxo para que colaboraran. Aquellos que insistieron en la independencia de la Iglesia, tales como el sacerdote disidente Padre Gleb Yakunin (1934-2014), fueron enviados al gulag.

Del mismo modo, lo que el Sr. Putin da, el Sr. Putin puede quitar. El patrocinio del Kremlin ha empoderado a la Iglesia otra vez desde el colapso del Comunismo, y no se puede negar la belleza de sus dimensiones monásticas y místicas o de la santidad de sus ministerios. La mayoría de los Rusos ahora se identifican como Ortodoxos, y la Iglesia, sin lugar a dudas, les proporciona gran consuelo (aunque, revelador, no más del 10 por ciento atiende a los servicios regularmente, de acuerdo con diversas encuestas recientes).

Pero es igualmente innegable que el régimen confía en el alto liderazgo de la Iglesia para darle un brillo espiritual a su proyecto nacionalista-autoritario. La Iglesia ha sido obligada, en parte por el fervor ideológico y en parte porque no tiene opción. Como ha observado George Weigel, “El liderazgo de la Iglesia Rusa no tiene ni la voluntad ni la capacidad…. de hablar la verdad al poder Putinesco; aquellos que tratan de hacerlo son rápidamente marginados o exiliados.”

El camino para salir de la actual crisis espiritual de Occidente no se encontrará en un Cristianismo que está tan ligado con el nacionalismo revanchista.

Tomen como ejemplo la cuestión de Ucrania. El Patriarca Kirill ha respaldado, como una especie de cruzada Ortodoxa, la invasión sigilosa del Sr. Putin en el este de Ucrania y la anexión ilegal de Crimea. El Presidente ha descrito a Crimea como el equivalente Ruso de la “Montaña del Templo en Jerusalén para los Judíos y los Musulmanes,” donde “nuestros ancestros por primera vez y por siempre reconocieron su nacionalidad.”

Como ha señalado el Sr. Weigel, la Iglesia Ortodoxa Rusa está librando una guerra teológica contra la Iglesia Católica Griega Ucraniana en paralelo con la operación militar del Sr. Putin. Bajo el Comunismo, la Iglesia Católica Griega Ucraniana fue incorporada a la fuerza a la Ortodoxia, y no recuperó su independencia hasta la desintegración de la Unión Soviética en 1991. Ahora los Prelados Ortodoxos Rusos calumnian a los Católicos Ucranianos como ¨cismáticos ¨ y ¨unificadores,¨ y han intentado apartarse de la Iglesia Católica Griega Ortodoxa en un diálogo ecuménico en curso con el Vaticano — hasta los momentos con poco éxito.

Una vez más, el camino para salir de la actual crisis espiritual de Occidente no se encontrará en un Cristianismo que está tan ligado con el nacionalismo revanchista. Los Cristianos preocupados acerca de los excesos del transnacionalismo liberal deberían estar igualmente alertas con los peligros de un imperialismo Ruso que busca someter a las naciones soberanas, como Ucrania, cuya desgracia geográfica la ha condenado a vivir en la sombra de Rusia.

Los Cristianos de Occidente deberían también tener cuidado de un régimen que mantiene una relación tenue con la verdad. La verdad es una “condición esencial para una libertad auténtica,” como el Papa San Juan Pablo II a menudo enfatizó. Los Cristianos no podemos alabar las supuestamente posturas pro-familia del Kremlin sin ser también sumido en su imperio de mentiras — sobre el papel de Rusia en el Este de Ucrania y los incidentes como el derribo del vuelo 17 de Aerolíneas Malasia por los rebeldes respaldados por el Kremlin en el año 2014; acerca de la brutal campaña de Putin para destruir la oposición no-islámica y y apuntalar al régimen de Assad en Siria; acerca de la corrupción masiva y sistemática que engrasa su sistema.

Tampoco está garantizada la supremacía de la actual Iglesia Ortodoxa Rusa. Si se ajusta a los propósitos del Kremlin mañana, ¿alguien duda que el régimen reprimirá al liderazgo de la Iglesia sobre esta o aquella controversia? La desesperación por la estridencia y el triunfalismo de la izquierda cultural en los últimos años, sobre cuestiones como el aborto y el matrimonio homosexual, no deberían nublar el juicio Cristiano sobre las diferencias fundamentales entre las sociedades libres y no libres, entre la democracia y la dictadura.

A pesar de sus defectos, el orden liberal todavía le ofrece a los Cristianos la oportunidad de convencer a sus conciudadanos, a cambiar sus gobiernos, a demandar ante tribunales justos e independientes, y traer las buenas noticias y las riquezas de la tradición a la plaza pública democrática. Bajo el Putinismo, por el contrario, el Cristianismo está a merced del hombre fuerte y su camarilla gobernante. Los resultados de las políticas podrían ser ¨pro-familia,¨ por ahora, pero la Iglesia y la conciencia se ven comprometidas por un poder inexplicable.

Este artículo también apareció publicado, bajo el titular ¨La tentación Rusa del Cristianismo¨ en la edición del 03 de Abril, 2017.

* Artículo reproducido con el debido permiso de America the Jesuit Review. America the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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