La inmigración venezolana en Colombia

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Una economía implosionante, marcada por la escasez de productos y la hiperinflación, ha llevado a casi medio millón de Venezolanos a vivir en Colombia. Ese número incluye un aumento del 50 por ciento en los últimos tres meses solamente, ya que miles de nuevos inmigrantes llegan cada día en busca de medicinas, alimentos y trabajo.

La afluencia está ejerciendo una presión masiva sobre los servicios de salud y sociales en Colombia, un país de ingresos medianos que intenta recuperarse de cinco décadas de guerra civil con los comunistas rebeldes de las FARC. Esto puede estar lejos de terminar.

La profundización de la crisis política y el malestar económico en Venezuela significa que el gobierno Colombiano tiene que prepararse en caso de que la situación se intensifique y, según los informes, está elaborando planes de emergencia para albergar a millones de Venezolanos en campamentos a lo largo de la frontera.

Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, ya hay 470.000 Venezolanos viviendo en el país y ese número ve un incremento neto de 2.000 a 3.000 migrantes cada día con más regresando a Venezuela o usando a Colombia como un puente para dirigirse a otros países en Sur América.

Sintiendo la tensión

Yeiny Acevedo cruzó a Cúcuta, Colombia, a las cinco de la mañana, con la esperanza de vacunar a su hija de dos meses contra el tétano y la gripe. Unos minutos más tarde llegó al puesto de salud a pocas cuadrar de la frontera. Pero incluso a tan temprana hora, dos docenas de mujeres Venezolanas ya estaban allí, esperando hacer lo mismo.

“Nunca pensé que llegaría a esto,” dijo Acevedo a IRIN.

Su ciudad natal de Maracay, es una importante ciudad a sólo 70 millas (110 kilómetros) al suroeste de la capital, Caracas, pero las vacunas básicas se han vuelto casi imposibles de encontrar en cualquier parte del país. Así que Acevedo hizo un viaje en autobús de 12 horas a la lejana frontera Colombiana para ver si podía conseguir ayuda.

“Es una situación difícil,” dijo Acevedo. “Cualquier virus puede ser realmente peligroso para mi hija, porque no tiene las vacunas.”

En la Clínica del vecindario de La Parada, donde Acevedo fue a buscar vacunas para su bebé, tres días de la semana han sido ahora reservados sólo para suministrarle cuidado a los Venezolanos, parte de una estrategia para detener enfermedades prevenibles que se están propagando en Venezuela – como la difteria – de entrar en Colombia.

Las enfermeras de la Clínica de cuatro habitaciones le dijeron a IRIN que ellas vacunan hasta 300 bebés Venezolanos semanalmente contra el tétano, la polio, la difteria, la hepatitis B y la gripe – siempre que duren las existencias claro está. “El gobierno del estado nos envía las vacunas cada mes,” explicó Cándida Cáceres, la jefa de enfermería. “Pero usualmente se nos acaban para la tercera semana del mes.”

La Clínica no es el único servicio sobrecargado. El Hospital Universitario Erasmo Meoz de Cúcuta dice que ha acumulado una deuda de mas de $ 3 millones en los últimos dos años por el tratamiento de pacientes Venezolanos. La ley dice que ellos deben ayudar a cualquier persona que llegue con la necesidad de tratamiento de emergencia, pero a ellos sólo se les reembolsa si los pacientes tienen seguro, algo que la mayoría de los venezolanos no tienen.

El Ministro de Salud de Colombia aprobó fondos adicionales por $ 1 millón en Abril para los hospitales fronterizos que manejan la afluencia de Venezolanos, pero las cifras se han duplicado desde entonces y los administradores médicos en Cúcuta dice que el dinero es insuficiente y no está siendo administrado de manera efectiva.

“Todavía no hemos recibido un peso del Ministerio de Salud,” le dijo a IRIN Juan Agustín Ramírez, Gerente General del Hospital Universitario Erasmo Meoz. Ramírez dijo que esperaba que al presionar al gobierno y trasmitir el problema a través de los medios de comunicación nacionales e internacionales, él podría avergonzar a los funcionarios para que brinden más apoyo.

“Hemos tenido que recortar los gastos,” explicó. “Esto quiere decir que no estamos invirtiendo en nuevos equipos médicos o contratando más personal.”

Apresurando una existencia

Muchos de los inmigrantes Venezolanos que ingresan a Cúcuta carecen desesperadamente de efectivo, por lo que ellos tratan de ganar dinero vendiendo cigarrillos, café, agua y otros productos en las calles de la ciudad.

Yennis Jurado, un ex trabajador de la construcción de 33 años de la ciudad Venezolana de Coro, le dijo a IRIN que él ganaba hasta $5 al día vendiendo frutas y vegetales de contrabando al otro lado de la frontera. Suena como un modesto ingreso, pero Jurado dijo que le tomaría un mes ganar una cantidad similar en Venezuela.

Los inmigrantes que consiguen trabajos regulares en Colombia pueden aspirar a un salario mínimo de alrededor de $250 al mes, 50 veces más que el salario mínimo en Venezuela, el cual, mermado por la rápida devaluación del bolívar, actualmente asciende a sólo $5 al mes.

“Muchos de nosotros aquí estamos durmiendo en las calles” dijo José Barroso, un ex Gerente de suministro de supermercado de Caracas quien ahora vende cigarrillos en las calles de Cúcuta. “Pero al menos en Colombia podemos tener la posibilidad de levantarnos.”

Hasta ahora, el gobierno de Colombia se ha abstenido de brindar apoyo económico a los recién llegados, pero la Iglesia Católica está ayudando con alimentos y refugio.

En La Parada, la Diócesis de Cúcuta está entregando 1.000 comidas gratis al día a los inmigrantes Venezolanos, con alimentos donados por miembros de la parroquia y empresas locales. “Nos duele ver a estas personas luchando por un plato de comida,” dijo el Padre Hugo Suárez, quien dirige el comedor.

Problemas más profundo adelante

Raúl Gallegos, analista de Venezuela en la Consultora de Seguridad Global Control Risks, predice que los Venezolanos probablemente seguirán dirigiéndose a Colombia y a otros países Sudamericanos a un ritmo similar en el 2018, especialmente porque el pronóstico económico sigue siendo grave.

Se espera que la inflación en Venezuela salté de 700 por ciento este año a 2.000 por ciento el próximo, de acuerdo con las estimaciones del Fondo Monetario Internacional, mientras que se espera que la economía se contraiga otro seis por ciento. La producción petrolera – el principal motor económico de Venezuela – se ha estancado y Gallegos ve pocas razones para el optimismo ya que la compañía nacional petrolera PDVSA está siendo apilada con personas leales al partido gobernante que tienen poca experiencia en la industria.

El estricto control del sistema electoral por parte del partido gobernante también significa que casi no hay posibilidades de que un nuevo gobierno con políticas diferentes tome el control. Si el Presidente Nicolás Maduro es reelecto en la primera mitad del 2018 en una elección sin supervisión internacional, como se espera, esto podría alentar incluso a más personas a abandonar el país.

El gobierno Colombiano está preparando un plan de contingencia de emergencia, el cual, de acuerdo a diferentes informes reciente que citan a altos funcionarios no identificados, incluye disposiciones para albergar hasta un millón de personas en diferentes campamentos a lo largo de la frontera.

Ya hay indicios de que la paciencia de Colombia se está agotando. “Su llegada complica la recuperación post-conflicto,” dijo la Canciller María Ángela Holguín en una reciente conferencia de prensa. “Ya tenemos que expandir los servicios de salud, las carreteras y los planes de desarrollo rural hacia muchas partes del país (afectados por la guerra) y que recibir muchos Venezolanos generando un importante costo adicional.”

El gobierno Colombiano permite a los Venezolanos permanecer en el país por 90 días sin Visa – la política estándar durante años. También le ha permitido a los Venezolanos que no tienen antecedentes penales, solicitar un permiso especial de residencia de dos años que les permite trabajar y adquirir un seguro de salud nacional. Pero la oferta es sólo válida para Venezolanos que llegaron a Colombia antes del 28 de Julio. Aquellos que continúan trasmitiendo ya no obtienen estos beneficios.

“Creo que estamos lejos de una situación al estilo de Turquía donde un número masivo de [Sirios] está cruzando la frontera a la vez sin nada,” dijo Gallegos. “Pero es un flujo constante de personas que ameritan más atención.”

Autor: Manuel Rueda
* Artículo reproducido con el debido permiso de IRIN NEWS. IRIN NEWS no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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