La venganza de las clases bajas y el ascenso del fascismo estadounidense

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La élites con educación universitaria, en nombre de las corporaciones, llevó a cabo el salvaje asalto neoliberal contra los trabajadores pobres. Ahora los están haciendo pagar. Su duplicidad – encarnada en los políticos como Bill y Hillary Clinton y Barack Obama – tuvieron éxito durante décadas. Estas élites, muchas de escuelas de la Costa Este de la Liga Ivy, hablaban el lenguaje de los valores – civismo, inclusión y la condenación del racismo abierto y la intolerancia, una preocupación para la clase media – mientras le clavaban un cuchillo en la espalda a la clase baja de parte de sus amos corporativos. El juego ha terminado.

Hay decenas de millones de Americanos, especialmente blancos de clase baja, enardecidos con todo derecho por lo que le han hecho a ellos, a sus familias y a sus comunidades. Ellos se han levantado y rechazado las políticas neoliberales y la corrección política que les imponen las élites con estudios universitarios de ambos partidos políticos: los blancos de baja clase están abrazando un fascismo americano.

Estos americanos quieren una especie de libertad – una libertad para odiar. Ellos quieren la libertad para usar palabras despectivas como “nigger (negro),” “kike (judío),” “spic (hispano),” “chink (chino),” “raghead (musulmanes)” and “fag (homosexuales).” Ellos quieren la libertad para idealizar la violencia y la cultura de las armas. Ellos quieren la libertad para tener enemigos, para físicamente agredir a Musulmanes, trabajadores indocumentados, Afroamericanos, homosexuales y a cualquiera que se atreva a criticar su cripto-fascismo. Ellos quieren la libertad para celebrar los movimientos históricos y las figuras que las élites con educación universitaria condenan, incluyendo al Ku Klux Klan y a la Confederación. Ellos quieren la libertad para ridiculizar y desechar a intelectuales, ideas, ciencia y cultura. Ellos quieren la libertad para silenciar a aquellos que les han estado diciendo como comportarse. Y ellos quieren la libertad para deleitarse en híper-masculinidad, racismo, sexismo y patriarcado blanco. Estos son los sentimientos centrales del fascismo. Estos sentimientos son engendrados por el colapso del estado liberal.

Los Demócratas están jugando un juego muy peligroso al ungir a Hillary Clinton como su candidato presidencial. Ella personifica el doble juego de las élites con estudios universitarios, aquellos que hablan el lenguaje de que sienten el dolor de los hombres y mujeres comunes y corrientes, que sostienen la biblia de la corrección politica, mientras venden a los pobres y la clase trabajadora al poder corporativo.

Los Republicanos, energizados por la versión americana de la estrella de los espectáculos de realidad de Il Duce, Donald Trump, ha estado atrayendo votantes, especialmente nuevos votantes, mientras que los Demócratas están bien por debajo de las asistencias a las urnas del año 2008. Durante la votación del martes, 5,6 millones de votos fueron emitidos para los Demócratas mientras que 8,3 fueron para los Republicanos. Estos números fueron virtualmente revertidos en el año 2008 – 8.2 millones para los Demócratas y cerca de 5 millones para los Republicanos.

Richard Rorty en su último libro, “El logro de nuestro País,” escrito en el año 1998, proféticamente vio hacia donde se dirigía nuestra nación post-industrial.

Muchos escritores sobre políticas socioeconómicas han advertido que las viejas democracias industrializadas están dirigiéndose hacia un período similar al Weimar en el cual los movimientos populistas son más propensos a sacar a los gobiernos constitucionales. Edward Luttwak, por ejemplo, ha sugerido que el fascismo puede ser el futuro de América. El punto de su libro El Sueño Americano en Peligro es que los miembros de las sindicatos obreros, y los trabajadores no calificados no organizados, se darán cuenta, más tarde o más temprano, que su gobierno no está siquiera tratando de evitar que los salarios se hundan o prevenir que los puestos de trabajos sean exportados. Casi al mismo tiempo, ellos se darán cuneta que los trabajadores suburbanos de cuello blanco – ellos mismos desesperadamente temerosos de ser reducidos – no van a permitir que les hagan pagar más impuestos para proveer beneficios sociales para nadie más.

En este punto, algo se agrietará. El electorado no suburbano decidirá que el sistema ha fallado y empezará a buscar en su alrededores un hombre fuerte por el que votar – alguien dispuesto a asegurarles que, una vez que sea elegido, los burócratas presumidos, los abogados difíciles, los vendedores de bonos sobre pagados, y los profesores postmodernistas no seguirán teniendo la última palabra. Un escenario como el de la novela de Sinclair Lewis No puede suceder aquí pudiera ser entonces interpretado. Por una vez el hombre asume el cargo, nadie pude predecir lo que sucederá. En 1932, la mayoría de las predicciones hechas sobre lo que sucedería si Hindenburg nombrara a Hitler canciller fueron tremendamente optimistas.

Una cosa que es muy probable que ocurra es que las ganancias obtenidas en los últimos cuarenta años por los negros y morenos americanos, y por los homosexuales, serán eliminados. Un menosprecio jocoso por las mujeres volverá a estar de moda. Las palabras despectivas para “nigger (negro)” y “Kike (judío)” serán nuevamente escuchadas en el trabajo. Todo el sadismo el cual la izquierda académica ha tratado de hacer que sea inaceptable para sus estudiantes vendrá de golpe. Todo el resentimiento que los americanos maleducados sienten acerca de que sus costumbres sean dictadas por graduados universitarios encontrarán una salida.

Los movimientos fascistas construyen sus bases no desde lo políticamente activo sino desde lo políticamente inactivo, los “perdedores” que sienten, a menudo correctamente, que ellos no tiene voz ni juegan un papel en la clase política. El sociólogo Émile Durkheim advirtió que la privación de derechos de una clase de personas de las estructuras de la sociedad producen un estado de “anomía” – una “condición en la cual la sociedad proporciona poca orientación moral a los individuos.” Aquellos atrapados en esta “anomía,” el escribió, son presa fácil de la propaganda y de los movimientos de masas impulsados emocionalmente. Hannah Arendt, haciéndose eco de Durkheim, señaló que “la principal característica de un hombre masa no es la brutalidad y el atraso, sino su aislamiento y falta de relaciones sociales normales.”

En fascismo el políticamente sin poder y desacoplado, ignorado y vilipendiado por el establecimiento, descubren una voz y un sentido de empoderamiento.

Como señaló Arendt , los movimientos fascistas y comunistas en Europa en la década de 1930s “… reclutaba sus miembros de esta masa de personas aparentemente indiferentes a los que los otros partidos habían rechazado como demasiado patéticos o demasiado estúpidos como para prestarles atención. El resultado fue que la mayoría de sus miembros eran personas que nunca habían aparecido en la escena política. Esto permitió la introducción de métodos completamente nuevos en la propaganda politica, y la indiferencia a los argumentos de los oponentes; estos movimientos no sólo se colocan fuera y contra el sistema de partidos políticos en su conjunto, ellos encontraron una membresía que nunca había sido alcanzada, nunca había sido ‘estropeada’ por el sistema de partidos. Por lo tanto ellos no necesitaban refutar los argumentos opositores y consistentemente preferían métodos que terminaran en muerte en lugar de persuasión, que deletrearan terror en lugar de convicción. Presentaban desacuerdos como invariablemente originarios en profundas fuentes naturales, sociales y psicológicas más allá del control del individuo y por lo tanto del control de la razón. Esto habría sido solamente una deficiencia si ellos hubieran sinceramente entrado en una competencia con cualquiera de los partidos; no fue si ellos estuvieran seguros de tratar con personas que tuvieran razones para estar igualmente hostiles a todos los partidos.”

El fascismo es ayudado y empujado por la apatía de aquellos que están cansados de ser engañados y mentidos por un establecimiento liberal en bancarrota, cuya única razón para votar por un político o apoyar un partido político es elegir el menos malo. Esto, para muchos votantes, es la mejor oferta que Clinton puede ofrecer.

El fascismo se expresa a sí mismo en símbolos nacionales y religiosos familiares y reconfortantes, por lo que se presenta en diversas variedades y formas. El fascismo italiano, que miró atrás hacia la gloria del Imperio Romano, por ejemplo, nunca compartió el amor de los Nazi por los mitos Teutónicos y Nórdicos. El fascismo americano también buscará los símbolos patrióticos tradicionales, relatos y creencias.

Robert Paxton escribió en “La anatomía del Fascismo”:

El lenguaje y símbolos de un auténtico fascismo Americano tendría, por supuesto, poco que ver con los modelos originales europeos. Ellos tendrían que ser tan familiares y tranquilizadores para los Americanos leales así como el lenguaje y símbolos de los fascismos originales fueron familiares y tranquilizadores para muchos italianos y alemanes, como [George] Orwell sugirió. Hitler y Mussolini, después de todo, no habían tratado de parecer exóticos a sus conciudadanos. No hay esvásticas en un fascismo Americano, pero si Estrellas y Rayas (o Estrellas y Barras) y cruces Cristianas. No hay un saludo fascista, pero si recitaciones de promesas de lealtad. Estos símbolos no contienen olor a fascismo en sí mismos, por supuesto, pero un fascismo Americano lo transformaría en una prueba de fuego obligatoria para detectar al enemigo interno.

El fascismo es acerca de un líder inspirado y aparentemente fuerte que promete una renovación moral, nueva gloria y venganza. Es acerca de sustituir debates racionales con experiencias sensuales. Esta es la razón por la que las mentiras, medias verdades y fabricaciones de Trump no tienen impacto en sus seguidores. Los fascistas transforman la política, como señaló el crítico cultural y filósofo Walter Benjamín, en estéticas. Y la última estética para el fascista, dijo Benjamín, es la guerra.

Paxton destacó la característica de la ideología amorfa de todos los movimientos fascistas.

El fascismo descansó no sobre la verdad de su doctrina sino sobre la unión mística del líder con el destino histórico de su pueblo, una noción relacionada con ideas románticas de floración histórico nacional y de genio artístico o espiritual individual, aunque el fascismo, de otra manera, niega la exaltación romantizada de la creatividad personal sin restricciones. El líder fascista quería levar a su pueblo a un plano superior de la política que ellos experimenten sensualmente: la calidez de pertenecer a una raza ahora plenamente consciente de su identidad, destino histórico, y poder; la emoción de participar en una ola de sentimientos compartidos, y de sacrificio de las preocupaciones pequeñas de uno mismo por el bien del grupo; y la emoción de la dominación.

Sólo hay un camino para despuntar el anhelo por una fusión fascista alrededor de Trump. Esta es construir, tan pronto como sea posible, movimientos o partidos que declaren la guerra contra el poder corporativo, participar en actos sostenidos de desobediencia civil y buscar reintegrar a los privados de derechos – los “perdedores” – de regreso a la vida económica y política del país. Este movimiento nunca saldrá del partido Demócrata. Si prevalece Clinton en las elecciones generales Trump podría desaparecer, pero el sentimiento fascista se expandirá. Otro Trump, quizás más vil, será vomitado de las entrañas del sistema político en decadencia. Estamos luchando por nuestra vida política. Un daño enorme ha sido hecho por el poder corporativo y las élites con estudios universitarios a nuestra democracia capitalista. Cuanto más tiempo las élites, que supervisaron este destripamiento del país en nombre de las corporaciones – que creen, como lo hace el Director Ejecutivo de CBS Leslie Moonves, que a pesar de lo malo que pudiera ser Trump para América el por lo menos sería bueno para la ganancia corporativa – permanezcan a cargo, peor se pondrá.

 

Autor: Cris Hedges
* Artículo reproducido con el debido permiso de Truthdig Drilling beneath the headlines. Truthdig Drilling beneath the headlines no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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