Políticamente incorrecto: Monseñor Romero

Entrevista realizada por Jaime Septién, Director de El Observador de México

 

Un grupo de teólogos, traductores y editores (Rafael Luciani, Félix Palazzi, Julian Filochowski y el traductor, el padre jesuita Joseph Owens) se han echado a cuestas la traducción completa al inglés de las homilías del próximo beato (23 de mayo en San Salvador), monseñor Óscar Arnulfo Romero.

Rafael Luciani, editor general de la obra que contempla seis volúmenes con un promedio de 500 páginas cada uno, y que ya ha iniciado con el primer tomo, ha hablado -en una larga entrevista con Aleteia- sobre este proyecto de dar a conocer a los lectores de habla inglesa el legado insuperable de monseñor Romero, sobre todo en una Iglesia muy parecida a la que quiere para el siglo XXI el Papa Francisco.

 

¿De dónde surge el proyecto de traducir al inglés las homilías completas de monseñor Romero?

No existe una sola traducción al inglés que ofrezca las obras completas de monseñor Romero. Sólo se encuentran extractos tomados de sus escritos y luego publicados en pequeños libros. Algunos ofrecen comentarios de los respectivos traductores y editores.

Este tipo de textos ofrecen la posibilidad de que el mundo sajón conozca matices del pensamiento de Romero, pero no logran ofrecer una visión honesta y completa en relación con su historia de vida y el contexto al que le hablaba.

Corren el riesgo de descontextualizar la lectura de la realidad que Romero hacía desde el Evangelio. Algo fundamental, hoy en día, que sirve de ejemplo a muchos pastores que no preparan sus homilías pues sólo improvisan, dejando de ofrecer una clara meditación del Evangelio y su aplicación ante los grandes problemas que vivimos.

 

¿El lector de hoy puede encontrar puntos de reflexión para problemas concreto del siglo XXI?

Al leer los textos completos de las homilías de monseñor Romero, podemos descubrir al creyente que parte de los Evangelios y desde ahí hace un análisis de su realidad, preguntándose qué haría Jesús, cómo reaccionaría ante los problemas que vivimos y cómo podemos ser fieles a su seguimiento hoy.

Es un método que lo aleja de los intentos por ideologizar la fe y lo muestra como un hombre sencillo que tomó en serio la opción por los pobres de su tierra, desde una respuesta fiel y honrada a su seguimiento de Jesús.

 

¿Qué se quiere lograr con este esfuerzo?

Conocer su vida y su proceso de conversión. Como creyentes, no existe otro camino que el de leer sus homilías semanales, que compartía cada domingo por la mañana en la catedral. Ellas eran legendarias y se podían escuchar por radio.

Generalmente, tenían una primera parte donde explicaba los textos de las Escrituras, siempre con un espíritu catequético conectado con la realidad que se vivía en El Salvador, y con el fin de fortalecer la fe y la esperanza en medio de tanta violencia y opresión que se vivía.

Las homilías ofrecen, en una segunda parte, el discernimiento que Romero hacía de la Palabra de Dios y cómo la aplicaba a las circunstancias concretas que se vivían en el país. Va repasando los eventos más importantes de la semana y emite un juicio profético sobre ellos, sea para denunciar a los victimarios e invitarlos a cambiar, o también para acompañar a las víctimas y darles fortaleza en medio del miedo y la represión.

 

¿Qué importancia tiene para el lector, para el católico de habla inglesa?

Estos escritos pueden ayudar a redescubrir algo que la Iglesia en el mundo sajón a veces olvida: la dimensión profética frente a los grandes dramas de la humanidad.

El modo como Romero lee, discierne y explica las Escrituras muestra la importancia de desmoralizar el talante del discurso homilético, para centrarlo nuevamente en la praxis de Jesús y transmitirlo con un tono evangélico en la línea de las bienaventuranzas y la defensa por las víctimas.

Es un estilo evangélico que entiende lo social como dimensión fundamental de la comunicación cristiana. Va en la línea que el Papa Francisco ha venido insistiendo y usando en sus propias homilías.

Leer estas homilías ayudaría a renovar la identidad y la misión de lo que es un pastor en medio de la comunidad cristiana y su responsabilidad en el marco de la vida sociopolítica actual, incluso más allá de los problemas locales.

Ayudaría a poner la mirada de nuevo en esa mayoría de la humanidad que clama porque vive en la pobreza y la desesperanza, muchas veces olvidada por la indiferencia de los propios cristianos.

 

¿En sus homilías, qué figura de pastor descubre usted que deseaba monseñor Romero para la Iglesia católica?

Son muchos los semblantes que se pueden describir de Romero como pastor. Quisiera destacar tres de gran actualidad que han inspirado el ministerio del Papa Francisco.

Romero fue un pastor que optó por los pobres; antepuso la verdad y la profecía antes que lo políticamente correcto (el politically correct del mundo sajón); y superó la tentación clerical de vivir el poder como privilegio antes que como servicio y entrega fraterna.

Viviendo así encontró a Jesús entre los pobres y desesperanzados de su tiempo, y los cargó como los nuevos crucificados, en sus palabras y acciones.

Desde esa entrega fraterna al pobre, llamó a construir una civilización de amor, sin odio ni violencia, donde todos podamos convivir, superando las ideologías y las creencias que nos dividen. Fue así como se convirtió en la voz de los que no tenían voz.

 

Un camino que no muchos quisieran cruzar, ¿no cree usted?

Sí, y por ello, el camino de Romero al martirio es ejemplo para muchos pastores hoy en día, en tantas Iglesias locales, que prefieren cubrirse las espaldas, como se dice coloquialmente, antes que decir la verdad acerca de la violación de los derechos humanos, y denunciar las nuevas formas de totalitarismos y la exclusión social que impera en tantas culturas actualmente.

El haberse colocado del lado de las víctimas le costó su vida. Queda hoy el mensaje de aprender a ser fieles a Jesús y salir a la defensa de las nuevas víctimas socioeconómicas, políticas y religiosas de nuestro tiempo.

 

¿Es monseñor Romero -por decirlo así- alguien que encarna la Iglesia que desea el Papa Francisco?

Creo que sí lo es, sin duda alguna. Primero, porque Romero fue hijo e impulsor del Concilio Vaticano II y de los documentos de la Iglesia en América Latina, como fueron Medellín y Puebla.

Segundo, porque creyó y vivió un modelo de Iglesia que debe estar al servicio de los pobres y más sufridos, y no al servicio de los poderosos.

Y tercero, porque entendió que la misión de la institución eclesiástica debía ser la de promover el diálogo y no el conflicto, la reconciliación y no la violencia, la del servicio y la solidaridad y no la absolutización o la idolatría del dinero y los bienes.

No se cansó de llamar al respeto por la dignidad humana, así como a la mejora de las condiciones de vida en un mundo donde aún existen sujetos que no son reconocidos como tales, y que son tratados como meros objetos.

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Rafael Luciani
Doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Università Gregoriana, Filosofía por la Universidad Pontificia Salesiana e investigación post-doct en la Julius-Maxiliams Universität. Profesor Titular en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas), Straordinario en la Università Pontificia Salesiana (Roma) y en el Boston College (Boston, MA)