¿Debemos cantar Canciones Patrióticas en la Misa?

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Ayer escuché una excelente homilía en la Misa. En la lectura del Evangelio (Mt 10:37-42) Jesús le decía a sus seguidores, con el lenguaje intransigente que a menudo usaba, que nada está antes que Dios. Dios está primero, y todo lo demás es secundario – incluso el amor por una madre y un padre. En una línea que sin lugar a dudas sorprendió a los oyentes en la Palestina del primer siglo y que todavía tiene el poder de conmocionar, el dijo, “Quien ame al padre o la madre más que a mí no es digno de mí”.

Como el homilista dijo a la congregación este Domingo, todo debe estar subordinado a Dios. Entendido.

Es por eso que fue tan chocante el oír la meditación de la Comunión unos pocos minutos más tarde. Era una canción, que no había escuchado antes, en la cual el cantante comprometía si corazón a los Estados Unidos, No a Jesús sino a los Estados Unidos de América.

Dios está primero, y todo lo demás es secundario —
Incluso el amor por una madre y un padre.

Francamente, no me sorprendió. Era el Domingo previo al 4 de Julio, y he llegado a esperar canciones patrióticas en las Iglesias Católicas en los Estados Unidos, en esta época del año, así como también cercano al Día Conmemorativo (Memorial Day en inglés), Día del Veterano y Día de Acción de Gracias.

Pero era difícil no pensar: ¿no es esto lo contrario a los que Jesús dijo en el Evangelio? Ciertamente nosotros todos debemos ser buenos estadounidenses y amar y honrar nuestro país. Pero especialmente durante la Misa, ¿no deberían estar nuestro corazones comprometidos a algo, o a alguien más?

Antes de ir más lejos, un descargo de responsabilidad: yo soy tan patriota como la persona de al lado. Amo el país. Amo recitar el Juramento de Lealtad (el cual lo aprendí antes del Acto de Contrición). Disfruto cantar todo tipo de canciones patrióticas, especialmente “América la Hermosa” y “Dios bendiga a América,” y cuando viví en Kenia durante dos años y escuché el Himno Nacional en la Embajada de los Estados Unidos en el picnic del 4 de Julio no podía creen cuan emocionado estaba.

Algunas de las canciones patrióticas cantadas durante la Misa subordinan
El Sacrificio de la Misa a los Estados Unidos de América.

Pero no estamos hablando acerca de un picnic en la Embajada de los Estados Unidos o de un desfile de 4 de Julio o de un partido de béisbol. Estamos hablando de la Misa. Es por eso que tengo un problema con algunas de las canciones patrióticas cantadas durante las Misas en este país. Subordina el Sacrificio de la Misa a los Estados Unidos de América. Algunas de las canciones la hacen sonar como si estuviéramos en un picnic del 4 de Julio.

Por lo general, estas canciones son usadas como un himno de entrada o un himno de fin de servicio, las dos veces cuando los Católicos son más propensos a unirse en el canto, lo que les presta un peso agregado. (Durante los himnos del Ofertorio, los feligreses a menudo están pasando la cesta para la recolección de la limosna, y durante la meditación de la Comunión o están en camino o regresando de la fila de Comunión.) A menudo el himno de entrada es ¨Mi país, es de ti¨ (“My Country ‘Tis of Thee” en inglés) y el de fin del servicio “América la Hermosa” o “Dios bendiga a América” (“America the Beautiful” o “God Bless America, en inglés”).

Nuestro país no es nuestro salvador. Nuestro país no resucitó de entre los muertos.

A veces es molesto. Es como si el 4 de Julio fuera más importante que el Sacrificio de la Misa. Como si la firma de la Declaración de Independencia fuera más importante que la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo.

Y déjenme ser claro. Nuestro país no es nuestro salvador. Nuestro país no resucitó de entre los muertos. Lo que es más, nuestro país no nos va a juzgar en le más allá. Siempre pienso en las líneas del Libro de Isaías:

Incluso las Naciones con como una gota de un cubo,
Y son contabilizadas como polvo en las escamas….
Todas las Naciones son como nada delante de Él;
Ellas son consideradas por Él como menos que nada y vacuidad
(Is 40:15-17).

Mucho de esto es subjetivo. Algunos Católicos aman estas canciones. Ellos las aprecian, como lo hago yo, siendo capaces de pedirle a Dios que bendiga a nuestro país, ser capaces de darle gracias por nuestro país, y, como me dijo un Católico hace unos años atrás, “Por lo menos son canciones que conozco!”

Algunas canciones patrióticas no me molestan cuando son cantadas durante la Misa, particularmente aquellas que podamos llamar cuasi-patrióticas. “Padre Eterno, Fuerte para Salvar,” es una canción que a menudo es cantada en las funciones militares, que amo. (También llamada el “Himno Naval” fue la favorita de uno de mis héroes, Franklin D. Roosevelt, y fue cantada en su funeral.) Pero está claramente dirigida a Dios.

“Mi país, es de ti¨ (¨My Country ‘Tis of Thee,” en inglés) por otra parte, es muy claro acerca de ¨mi país¨. No se trata de mencionar a Dios hasta el verso cuarto y final. Del mismo modo, a pesar de cuantas veces invoca a Dios, ¨América la Hermosa¨ (“America the Beautiful” en inglés) no es sobre lo bello que Dios es, sino lo hermosa que América es.

“América la Hermosa¨ (America the Beautiful” en inglés) no es acerca
de lo bello que es Dios, sino de lo hermoso que son los Estados Unidos.

Una de las ventajas de cantar himnos patrióticos es que ellos a menudo nos recuerdan que es Dios el que nos está ayudando en todo lo bueno que estamos tratando de hacer en nuestra nación. “América! América! Dios repare todo tu defecto / Confirma tu alama en autocontrol / Tu libertad en ley.” Esta es una visión importante. Una de las desventajas, sin embargo, es que puede alentar una especie de excepcionalismo estadounidense. Es decir, ¿Dios no está arreglando los defectos de otros países? ¿Por qué no? ¿Dios bendice a otros países? Usted puede ver el problema.

Le pregunté a John Baldovin, S.J., profesor de Teología Histórica y Litúrgica en el Boston College lo que pensaba de todo esto. “Francamente, no estoy a favor de canciones patrióticas como ‘América la Hermosa’ en la liturgia,” escribió en un correo electrónico hoy. “Mi razón es que están dirigidas a la nación y no a Dios. Hay himnos patrióticos, por ejemplo, ‘Dios de Nuestros Padres,’ ‘Padre Eterno, Fuerte de Salvar,’ ‘Esta es mi Canción’ — todos ellos están dirigidos a Dios. Yo presidí en dos parroquias este fin de semana pasado, y ambas tuvieron a ‘América la Hermosa’ como himno de fin de servicio”.

Thomas Scirghi, S.J., quien enseña Teología Sacramental en la Universidad de Fordham, estuvo de acuerdo, escribiendo: “Las canciones patrióticas deberían ser cantadas en reuniones que celebran la nación. Para la liturgia, sin embargo, nosotros deberíamos eliminar el himnario de himnos festivos apropiados, para celebrar que nosotros somos ‘una nación bajo Dios.’ De hecho, en la liturgia, ¿a quien le estamos cantando: a Dios o a nosotros mismos?”

En un desfile del 4 de Julio, estoy feliz de cantar a mi país.
En la Misa, yo prefiero cantarle a mi Salvador.

Yendo a una fuente aún más autorizada, el documento del Concilio Vaticano Segundo sobre la liturgia, el Concilio Sacrosanto, es del mismo espíritu: “Por lo tanto, la música sagrada debe ser considerada la más santa en proporción ya que está más estrechamente conectada con la acción litúrgica, ya sea que agrega deleite a la oración, fomenta la unidad de las mentes, o confiere mayor solemnidad a los ritos sagrados.” Es decir, las canciones deben estar conectadas con la Misa.

El Padre Scirghi planteó otra pregunta acerca de uno de los himnos patrióticos más populares. “¿Qué queremos decir cuando cantamos ‘Dios Bendiga a América’?. ¿Estamos afirmando que ‘Dios ha bendecido a América’ (como en, ‘¿No somos nosotros geniales!’)?. ¿O le estamos ordenando a Dios que bendiga esta tierra (‘Nosotros nos lo ganamos!’)? ¿O le estamos pidiendo o rogando a Dios que nos bendiga (para que podamos cumplir con nuestro destino)?. Si es la tercera, entonces necesitamos preguntarnos, ¿Qué haremos nosotros a cambio de esta bendición?’”

Como lo dije, la cuestión de cuales canciones patrióticas deben ser cantadas durante la Misa puede ser subjetiva. Y no creo que haya molestado a demasiadas personas ayer en la parroquia el escuchar esa meditación de la Comunión acerca de comprometer nuestros corazones a América.

Para mí, sin embargo, es una cuestión de prioridades, y como el homilista señaló ayer, lo que viene primero. En un desfile del 4 de Julio, estoy feliz de cantarle a mi país. En la Misa, yo prefiero cantarle a mi Salvador.

Autor: James Martin, S.J,
* Artículo reproducido con el debido permiso de America the Jesuit Review. America the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy. 

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