Diálogo interreligioso con la religión del mercado

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Lo que esta colección de ensayos se propone lograr es más importante que nunca. Los autores buscan, como sus predecesores en los tres volúmenes previos, cada uno en su contexto cultural/político particular, fomentar una «teología cristiana liberadora intercontinental del pluralismo religioso». Su propósito es desarrollar no sólo un diálogo religioso más fructífero entre cristianos y seguidores de otros caminos religiosos, sino un diálogo que también sea liberador. Éste es un esfuerzo para vincular las actuales teologías de las religiones con las actuales teologías de la liberación. Felizmente este ha sido el interés y el compromiso de un creciente número de teólogos cristianos en la última década. Y los volúmenes de esta serie «Por los caminos de Dios» han sido una contribución significativa a ese crecimiento.

Lo que me propongo señalar en este breve prólogo es por qué esta tarea -vincular el diálogo interreligioso con la liberación interreligiosa- es hoy más urgente y más compleja que nunca. Mi tesis, si así puede llamársele, es que la razón principal y la causa esencial de la creciente injusticia económica en el mundo y de la pobreza deshumanizante que resulta de tal injusticia es, en sí misma, religiosa. Las fuerzas que están generando tanta riqueza y al mismo tiempo tal disparidad en su distribución se han convertido ellas mismas en una religión. El mercado libre global se ha vuelto una religión exclusivista mundial. Las religiones del mundo, tanto individual como interreligiosamente, deben participar en un diálogo liberador profético con esta nueva religión mundial. Sin un diálogo interreligioso así con la religión del mercado, no se podrá desafiar y «convertir» eficazmente el poder deshumanizante del mercado.

Permítaseme explicar brevemente esto.


La religión del mercado

Al contrario de la afirmación de Samuel Huntington de que hoy estamos enzarzados en un «Choque de civilizaciones», creo que el choque que en realidad está sucediendo -y yo agregaría, el que no puede menos que suceder», no es entre civilizaciones. ¡Es entre religiones! Sin embargo, las religiones que contienden entre sí no son las comunidades religiosas tradicionales. Me refiero más bien al choque, a la oposición fundamental, entre las llamadas religiones mundiales por una parte, y la nueva Religión del Mercado, por la otra parte.

David Loy, en un artículo que provocó amplia discusión, ha argumentado con cuidado y elocuencia que la religión dominante, la más extendida en nuestro mundo contemporáneo, es la «Religión del Mercado». Especialmente en países desarrollados como Estados Unidos, Europa y Japón esta es la religión a la que pertenece la mayoría de la población, y es la que reclama sus compromisos religiosos fundamentales. Su devoción a la Religión del Mercado precede y modifica su devoción al cristianismo, al judaísmo o al budismo.

Para el creyente común, Religión del Mercado significa religión del consumismo. Uno practica su fe y encuentra su salvación consumiendo en los templos que son los «centros comerciales». Pero se trata de una liturgia y una adoración diarias, no limitadas al domingo, al sábado o al viernes.

Para los prelados y potentados de esta nueva religión, Religión del Mercado significa religión del «economicismo». Según John B. Cobb Jr., los devotos del «economicismo» ponen su fe total, absoluta (y podríamos añadir «ciega») en la creencia de que el crecimiento económico perseguido sin restricciones y sin la interferencia del gobierno, tanto por personas individuales como por naciones individuales, traerá la salvación al mundo entero. En palabras de Cobb: “El economicismo es esa organización de la sociedad que intencionalmente está al servicio del crecimiento económico. Todos los demás valores, inclusive la soberanía nacional, se subordinan a este fin, con la sincera esperanza de que una prosperidad suficiente permitirá al mundo solucionar también sus necesidades no económicas».

Para la Religión del Mercado, que se basa en la fe incondicional en el economicismo, el ser humano es un ser económico (homo economicus), es decir, un ser «…que busca racionalmente obtener el mayor número posible de cosas con el menor trabajo posible. Sus relaciones con otros seres son de competencia».

Esta Religión del Mercado tiene todos los rasgos que encontramos en las religiones tradicionales:

-Sus credos están hechos de la economía neoliberal del (Papa) Friedrich von Hayek y el (Ayatollah) Milton Friedman.

-Sus teólogos o ullama son los economistas (principalmente economistas occidentales).

-Sus misioneros son el vasto ejército de anunciantes que proclaman su mensaje de consumo en «comerciales» que llenan las trasmisiones de radio y televisión y en las carteleras que pueblan nuestras ciudades y paisajes.

-Sus centros de aprendizaje son los departamentos de economía de universidades norteamericanas y occidentales, y su tribunal es la Organización Mundial de Comercio.

-Esta religión tiene sus mandamientos, el primero de los cuales es: «No interferirás con el libre mercado». (O dicho en forma más tradicional: «el Libre Mercado es el Señor tu Dios; no tendrás dioses extraños delante de él»).

-Tiene una soteriología clara y absoluta: «Fuera del libre mercado no hay salvación». Aquellos que no estén «dentro» y no sean miembros de esta religión verdadera son considerados herejes o enemigos, a ser controlados o eliminados.


Diferencia fundamental entre las religiones y la religión del mercado

Hay una diferencia fundamental, que es una oposición fundamental, entre la ética de lo que Cobb llama «economicismo» (o fundamentalismo de mercado) y la ética de las religiones tradicionales. En formas asombrosamente diferentes, que sin embargo son también complementarias, las tradiciones abrahámicas (judaísmo, cristianismo, islam), las tradiciones asiáticas (hinduismo, budismo, confucionismo, taoísmo) y las religiones indígenas tienen un acuerdo básico de que cualquiera que sea el grado de unidad globalizada que pueda alcanzar la raza humana, esta unidad tiene que basarse en un equilibrio entre el interés por uno mismo y el interés por el otro.

La ética religiosa siempre es paradójica. En una diversidad de símbolos y con énfasis diferentes, todas las tradiciones religiosas dicen a la humanidad que, en forma paradójica y también prometedora, el interés por uno mismo equivale a interés por el otro. La intuición fundamental que está a la base de las religiones invita a las gentes a un cambio que les llenará de vida y de paz, yendo del interés por uno mismo al interés por el otro. Este «otro» siempre es diferente a uno mismo, o es más que la consciencia que uno tiene de sí mismo en el momento presente. Es el Otro con O mayúscula (la Fuente de Vida Interior de todos), y el otro con o minúscula: el prójimo de cada uno.

Así nos dice Jesús que sólo nos amaremos verdaderamente a nosotros mismos cuando amemos a nuestro prójimo. Mahoma nos advierte que al cuidar de nosotros mismos, al promover una sociedad buena, nunca podemos olvidar el cuidado de todos los otros, especialmente de los pobres y los abandonados. Para Buda experimentar la propia iluminación es sentir compasión por todo ser sensible. En la ética confuciana «para afirmarnos nosotros mismos debemos ayudar a que otros se afirmen; para que nosotros crezcamos hemos de ayudar a otros en su crecimiento».

Por tanto, ésta es la cuestión o el desafío que las religiones han de plantear a los promotores del libremercado. La comunidad religiosa debe preguntar a los economistas, a los políticos y a los presidentes corporativos: El interés por uno mismo que ustedes ensalzan ¿está equilibrado por el interés por el otro, está enraizado en él, es él quien lo guía? Ciertamente, no parece ser así. El principio conductor del sistema capitalista mundial, gobernado por el fundamentalismo de mercado, parece ser: «Si buscamos el interés por nosotros mismos también promoveremos el de otros». Eso, según las religiones, debe estar equilibrado por: «Si buscamos el interés de otros, también promoveremos el nuestro propio». Las religiones advierten: si no tenemos este equilibrio, si casamos el interés por nosotros mismos con el interés por el bienestar de otros, nos veremos en problemas. De hecho, ésa es la razón por la que el llamado libremercado globalizado no está respondiendo a la gran disparidad de la riqueza en nuestro mundo globalizado, o en realidad está siendo su causa.


Diálogo interreligioso con la religión del mercado

Aunque resulte difícil, las religiones tradicionales del mundo deben participar en un diálogo profético y crítico con esta nueva Religión universal del Mercado. Las religiones deben enfrentar a los comandantes y los sumos sacerdotes de la globalización y confrontarlos con el «choque», con la diferencia fundamental entre la Religión del Mercado y las religiones tradicionales históricas. Los dirigentes y maestros religiosos deben hacer ver claramente que en el momento actual, y dada la forma en que la Religión del Mercado se entiende a sí misma, no es posible que un individuo sea «miembro» de la Religión del Mercado y al mismo tiempo sea seguidor de Mahoma, Jesús, Buda o Abraham. Aquí no cabe la «doble pertenencia». Uno debe elegir: inclinarse frente a Dios/Allah/el Dharma… o frente al Mercado.

El diálogo interreligioso con la Religión del Mercado es extremadamente difícil, sobre todo porque el Mercado insiste, como lo hizo la Iglesia Católica en tiempos pasados y lo hacen actualmente muchas comunidades fundamentalistas cristianas y musulmanas, que es la única religión verdadera. Todas las otras serían falsas. Como bien se sabe por la historia de las relaciones interreligiosas, cualquier religión que afirma ser la única verdadera no dialoga con otra religión: lo que busca es convertirla.

Y sin embargo es sumamente urgente lograr algún tipo de diálogo o encuentro entre las religiones del mundo y la Religión del Mercado. Si el Libre Mercado ha asumido el poder y la dominación de una religión mundial, si informa y dirige las vidas de las gentes en forma penetrante como siempre lo ha hecho la religión, ¿no se trata entonces de que las religiones tradicionales del mundo estén entre los medios principales de contrarrestar esta nueva religión idólatra del Mercado? Si es verdad que a veces uno necesita fuego para combatir el fuego, hoy necesitamos de las religiones para «combatir», sofocar y re-dirigir la Religión del Mercado. En la actualidad tal vez sólo las religiones pueden dar a los pueblos la visión, la energía, la esperanza y la perseverancia para dialogar con la Religión del Mercado, luchar contra ella y reconquistar a sus seguidores, que han puesto al dios del consumismo y el crecimiento económico en el lugar del único Dios, Aquel que nos asegura que cada uno de nosotros sólo encontrará la verdadera felicidad si promueve la felicidad de todos.

Los ensayos de este libro colectivo, y la serie «Por los muchos caminos de Dios» de la que son parte, es una contribución pequeña pero significativa a la promoción del diálogo entre religiones que hará posible el diálogo profético con la Religión del Mercado. Me siento honrado de tener el privilegio de ofrecer estas palabras de introducción. Y espero con interés la conversación progresiva que estos ensayos estimularán en la comunidad cristiana y en la comunidad de religiones.


Autor: Paul F. KNITTER
* Paul F. Knitter es profesor emérito de teología en Xavier University, Cincinnati, Ohio, Estados Unidos. Este artículo ha sido publicado en Servicios Koinonia  y traducido del inglés por María Cristina Caso.

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