El Cardenal de La Habana: ¿renunciar o quedarse donde está?

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En su última homilía como Arzobispo de La Habana el 8 de Mayo, el Cardenal Jaime Ortega y Lamino aseguró a una catedral llena, que los obispos nunca se retiran. “El Cardenal Jaime Ortega … continuará sirviendo a la Iglesia en Cuba y a nuestra gente… porque el Obispo es un sacerdote en su plenitud y sirve hasta la muerte”, declaró, usando la tercera persona. Ortega cumplirá 80 años en Octubre. Se mudará a un antiguo seminario, ahora convertido en centro cultural, directamente detrás de la Catedral de La Habana.

El Vaticano anunció el 26 de Abril la aceptación de la carta de renuncia requerida del  Cardenal a la edad de 75 años, cuatro años después que él la envió y del nombramiento del Arzobispo Juan de la Caridad García Rodríguez, de 67 años para liderar la ciudad más poblada de Cuba.

El Arzobispo García es un pastor de bajo perfil que ha liderado la Iglesia tranquilamente en la ciudad oriental de Camagüey desde 2002. Descrito como un Obispo al molde del Papa, “con el olor a sus ovejas”, el Arzobispo García representó a Cuba en la reunión mas importante de Obispos Latinoamericanos en Aparecida, Brasil, donde el Papa Francisco jugó un papel destacado.

Gracias al Gobierno

Un elemento crucial en la tenencia por 35 años del Cardenal Ortega ha sido las relaciones que ha desarrollado con el Presidente Fidel Castro y luego con su hermano, Raúl Castro, quien asumió el poder en 2006. El 8 de Mayo, el Cardenal agradeció al Gobierno por “avanzar sin retroceder, a través de los períodos críticos y tiempos difíciles, en un camino de dialogo no comprendido por muchos”.

Le dio “un especial agradecimiento” al Presidente Raúl Castro por dar un “impulso decisivo” al diálogo, destacando las conversaciones de normalización de las relaciones entre los Estados Unidos de América y Cuba en el 2014, cuando el Cardenal Ortega sirvió de mensajero personal entre el Papa Francisco y los cabeza de Estados.

Los críticos de Ortega afirman que él se ha acercado demasiado al régimen, rehusando confrontarlo sobre el pésimo historial de los derechos humanos, el acoso rutinario y la detención de opositores políticos y una economía disfuncional que ha empobrecido a la población por décadas.

“La Iglesia mantiene los mismos temas de conversación con el régimen de Castro”, Berta Soler, líder de las Damas de Blanco, le dijo a Reuters el pasado otoño. Las Damas de Blanco se reúnen cada Domingo en la Iglesia de Santa Rita en La Habana y marchan después de misa para protestar por la encarcelación de presos políticos – cuya existencia el Cardenal Ortega negó en una entrevista con la Radio Española el año pasado.

A pesar de que él negoció exitosamente la liberación de 126 presos políticos entre 2010-2011 y los obligó a aceptar el exilio en España, la cual era la posición del Gobierno.

“A cambio de concesiones para su Iglesia, él se congració con el régimen de Castro a tal grado que terminó siendo percibido como un componente más del mismo”, declaró un editorial del 1ro de Mayo del Diario de Cuba, un lugar noticioso popular que representa los puntos de vista de los cubanos en el exilio. Una cosa que el régimen de Castro prueba: que una élite envejecida mantiene el poder de la Isla.

A pesar de que hace 10 años se le describió como que estaba a punto de morir, Fidel todavía domina los medios de comunicación controlados por el estado cuando lo desea. Después de la visita histórica del Presidente Barack Obama a la Isla en Marzo, Fidel escribió un artículo criticándolo por ser falso. El Presidente Raúl Castro ha anunciado su renuncia en dos años, pero sigue siendo grande y en control de numerosos frentes.

Mártires de la Iglesia

Como resultado de la longevidad de la familia Castro, los católicos Cubano-americanos como Germán Miret no se imaginan al Cardenal Ortega saliendo pronto.

Miret, un líder laico y autor de Los Mártires de la Iglesia en Cuba (Librería de Alexandria, 2016) le dijo al Register, “Nosotros no esperamos que el Cardenal se vaya”, él continuó, “El Arzobispo García probablemente trabajará más en la Iglesia misma, con la gente y le dejará el aspecto político al Cardenal Ortega. Cualquier cosa puede pasar en Cuba. ¿Cuánto tiempo más podría continuar la represión? Pero mientras Raúl siga encargado, el Cardenal representará a la Iglesia frente al poder. Esto es lo que muchos de nosotros [en Miami] asumimos”.

“El Arzobispo García es un buen hombre, lo he escuchado repetidamente. El será un misionero, es un hombre de la gente. Todo lo que escucho hacia él son elogios de otros cubano-americanos”, dijo el autor.

Miret añadió que su comunidad espera darle la bienvenida al Arzobispo García en Miami: “Con el Cardenal Ortega, ha sido tenso, durante bastante tiempo. Este nuevo Arzobispo no tiene un pasado de decepción. El puede empezar una vida nueva con el exilio Cubano”.

“Somos un millón de Católicos o millón y medio en el exilio y lo recibiremos con brazos abiertos, con los corazones abiertos”, concluyó Miret.

Caso Único

Sin lugar a dudas, el Cardenal Ortega ha ganado un nuevo espacio para la Iglesia católica en Cuba. Desde el punto de vista político, el legado del Cardenal Ortega es indiscutible.

Cuando lo nombraron Arzobispo en 1981, la Iglesia Católica era todavía una paria. La gente trabajaba en Navidad. La exhibición pública religiosa estaba vedada. La constitución Cubana llamaba al país “un Estado Ateo”. Un cristiano no podría mantener una posición de autoridad.

Treinta y cinco años más tarde, la única institución dinámica fuera del control del gobierno es la Iglesia Católica. El Estado es ahora secular, no ateísta. Navidades y Viernes Santo son fiestas respetadas. Las procesiones religiosas son eventos nacionales. Permisos fueron otorgados, primero, para reparaciones de la Iglesia, luego un nuevo Convento, luego un nuevo Seminario. Hoy, la primera nueva Iglesia desde la revolución comunista de 1959, se está construyendo, apropiadamente llamada Iglesia San Juan Pablo II.

En la gran Plaza de la Revolución de La Habana, típicamente asociada con diatribas rimbombantes de Fidel Castro contra el capitalismo y los Estados Unidos de América, tres Papas han dicho misa durante sus visitas las cuales han sido noticas globales manejadas por el Cardenal Ortega: San Juan Pablo II en 1998, Papa Benedicto XVI en 2012 y el Papa Francisco en 2015. Mientras tanto, los oficiales gubernamentales miran hacia otro lado – porque técnicamente es ilegal – mientras la Iglesia dispensa cuidados a los niños, educación, cuidados a los ancianos, asistencia médica y donaciones caritativas a lo largo del país.

El cardenal Ortega ha supervisado esta transición y le ha dado forma de maneras críticas mediante el aprovechamiento de las oportunidades para influir a los todo poderosos hermanos Castro – fundadores de la dictadura comunista que envió al joven Padre Ortega a un campo de trabajo brutal por ocho meses comenzando 1967 como castigo por su fe.

Mito y Realidad

El sociólogo Juan Clark confirma que el Cardenal Ortega fue perseguido por ser un sacerdote con una conexión especial a la juventud en La Revolución de Castro, Mito y Realidad (Librería de Alexandria, 2016) publicado este año por primera vez en Inglés.

Los campos de trabajos forzados fueron organizados durante el levantamiento de una campaña intensa contra la religión diseñada para diezmar la influencia de la Iglesia en la Isla. Torturas psicológicas y físicas era rutinarias en los campos, llamados Unidades Militares para ayudar en la Producción, cerrados en 1968.

Como relata Clark, el objetivo era destruir una autoridad potencial que rivalizaba con la dictadura de la revolución y se extendió desde la década de los 1960 hasta la de los 1980. Aparte de confiscar todas las propiedades de la Iglesia y cerrar las escuelas Católicas, Fidel Castro trató de establecer una Iglesia Nacional controlada por el Gobierno, siguiendo las líneas de la Asociación Patriótica Católica China, pero el dictador no pudo encontrar un sacerdote dispuesto a respaldar el cisma.

En cambio, él opto por una Iglesia altamente reprimida, funcionando bajo su pulgar.

El mito era que la revolución de Cuba no proscribió el cristianismo, y la constitución de 1976 incluso garantiza la libertad de culto; la realidad era que los Cristianos eran castigados y la Iglesia Católica era marginada de maneras innumerables y significativas.

Laicos Católicos encuentran una Voz

Dos acontecimientos entre 1985 y 1995 crearon las condiciones para una nueva relación entre la Iglesia y el Estado: el nacimiento de un movimiento laico Cristiano creó una mayor firmeza moral entre los creyentes para resistir la dictadura creando nuevas formas de comunión y el régimen mismo comenzó a percibir a la jerarquía Católica como un aliado potencial –  especialmente porque la Iglesia se ha opuesto por mucho tiempo, con bases humanitarias, al embargo económico contra Cuba.

La Iglesia enfrentó una crisis a mediados de la década de 1980. La asistencia a la iglesia a lo largo de la Isla estaba estimada en 85.000, o menos del 1% de la población.

Por este motivo la Iglesia inició un proceso consultivo incluyendo a los laicos y los aproximadamente 200 sacerdotes que todavía servían a la nación entera, el cual culminó en el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENAC) en 1986.

“ENAC nos ayudó a darnos cuenta que manteniéndonos verdaderos a nuestros valores y cercanos a Cristo, podríamos triunfar. No a través del Gobierno, pero en solidaridad entre sí, en  pequeños encuentros Cristianos”, le dijo el líder Católico laico Oswaldo Paya al Register en 2010. En 1987, Paya, su esposa Ofelia y otros formaron el Movimiento Cristiano de Liberación (MCL) para librarse del miedo, del odio, de la cultura del miedo – todo aquello que el régimen hace para poner a la gente a la defensiva y decimos muy claramente lo que nos inspira”.

Colapso Económico

Fidel Castro comenzó demostrando una nueva actitud hacia el Catolicismo en 1985, cuando se publicó una entrevista larga como un libro con un sacerdote marxista brasilero, titulada Fidel y la Religión: Conversaciones con Fray Betto sobre el Marxismo y la Teología de la Liberación. Lo que realmente impulsó el entusiasmo de Castro para una estratégica alianza con la Iglesia fue el colapso de la economía de la Isla en la década de los 1990.

Con la desaparición de la Unión Soviética en 1991, Cuba perdió subsidios masivos, su principal mercado de exportación y la mayoría del petróleo que importaba de la Unión Soviética a precios por debajo del mercado, que proporcionaba prácticamente todo el combustible de la Isla as como también dinero duro obtenido de la reexportación del combustible que no usaba.

La economía de Cuba se fue en picada. El “Período Especial” de dificultad extrema llevó al país a casi una hambruna y se extendió hasta el final de la década. Luchando por sobrevivir, una de las jugadas de Fidel era llegar al Vaticano y el cardenal Jaime Ortega  obligado, facilitó un encuentro entre Castro y San Juan Pablo II en la Santa Sede hace 20 años –  para sentar las bases del histórico peregrinaje de Juan Pablo a Cuba en 1998.

Abriéndose al Mundo

La visita de San Juan Pablo II a Cuba revitalizó a la Iglesia. Por lo menos simbólicamente y por pocos días, las autoridades políticas aplazaron el mensaje de fe, esperanza y amor del pontífice. Las palabras más resonantes del Santo, se convirtieron en un tema central recurrente en las próximas dos décadas: “Que Cuba, con todo su magnífico potencial, pueda abrirse a si misma al Mundo y que el Mundo pueda abrirse a si mismo a Cuba”.

La visita estableció un patrón de colaboración entre los hermanos Castro y el Cardenal Ortega que moldeó su interacción, orientada hacia el pragmatismo y la resolución de problemas, hasta estos días. Sin embargo, una tensión en su núcleo se mantiene en el corazón de este Pacto Faustiano: la deferencia hacia un gobierno inmoral en nombre de una religión que adora a Jesús Cristo, el cual rehusó a capitular a los poderes de la tierra, es difícil de sostener. La Unidad es sacrificada.

Basado en su experiencia en Polonia, San Juan Pablo II  leyó la situación del Comunismo en Cuba como una que requería una visión a largo plazo y un espíritu de no confrontación. El Santo le dio poder a Jaime Ortega como Arzobispo en 1981, nombrándolo Cardenal en 1994, y confiándole la monumental tarea de gestionar su visita. Sin embargo, en Polonia, el Papa participó, y vigiló, una estrategia de dos vertientes: diálogo entre las élites simultáneamente con una revuelta popular (Solidaridad) contra el régimen.

La versión de Cuba de Solidaridad, MCL, fue aplastada con éxito a pesar de sus comienzos prometedores dentro de la Iglesia. Después de recolectar más de 25.000 firmas para un referendo para cambiar la constitución e introducir una mayor democracia y libertad,  el proyecto Valera del MCL fue decapitado en 2003 con el arresto de unos 75 líderes, en una  ofensiva conocida como Septiembre Negro.

En Europa del Este comunista, la llamada estrategia Ostpolitik (del alemán Política del Este) de la Iglesia duró desde 1964 a 1989. En Cuba, entrando en su cuarta década, con poca evidencia de un movimiento popular como Solidaridad –  desafortunadamente, en parte debido a la decisión de la Iglesia de distanciarse del MCL, bajo la influencia del Cardenal Ortega. Durante la visita del Papa Francisco, el Cardenal encontró el momento para que el Santo Padre se reuniera con Fidel, pero no con las Damas de Blanco.

Encuentro Cercano

En una noche lluviosa de sábado en Abril del 2010, me deslicé en el último banco de una capilla como una joya escondida bajo el brazo de una masiva Catedral Barroca de La Habana del siglo XVIII.

El Cardenal Ortega estaba tranquilamente ofreciendo en silencio una Lenten Lectio Divina (lectura orante de las Escrituras) frente a unos 60 feligreses profundamente atentos. Sin compañía de asistente y absorto en el pasaje, él habló por más de una hora. Más tarde, el cardenal le dijo al Register que él creía que San Juan Pablo II abrió las puertas del progreso para la Iglesia en la Isla: “Después de la visita del Papa, nuestra vida en comunidad ha estado creciendo. Nosotros estamos viviendo en una situación más normal que antes”.

El Cardenal me dijo que la Iglesia en Cuba no debe ser un partido de oposición, porque ese no era su rol. Al preguntarle sobre Oswaldo Paya, dijo “El líder [de MCL] es un buen Católico, pero el realmente no tiene un programa”.  Me dijo que buscara a Manuel Cuesta Morua, “un socialista, un hombre muy inteligente con un programa”,  el cual es el presidente de Arco Progresista, un partido político social demócrata.

El año pasado, Cuesta Morua, fiel a su ideología, se le podía oír saludando a las instituciones “democráticas” de Venezuela, sugiriendo que Venezuela (a pesar de estar en  medio de un colapso económico como resultado de unas políticas socialistas corruptas) como país debería ser emulado por Cuba.

Muriendo por una causa

En el 2012, el cardenal Ortega y el líder laico Católico más prominente de Cuba finalmente se reunieron bajo terribles circunstancias. Paya y su colega, el ex seminarista Harold Cepero murieron en un sospechoso accidente automovilístico a mitad del día, en una carretera recta, con un clima perfecto, con pocos carros alrededor. Evidencia extensa – y la recolección del conductor –  apuntan a la participación de la seguridad del Estado.

El Cardenal Ortega accedió a concelebrar la Misa Funeraria de Paya. El Arzobispo destacó, “Oswaldo tenía una vocación política clara y esto, como buen Cristiano, no lejos de su fe y su práctica religiosa. Por el contrario, él buscaba inspiración en la fe para sus decisiones políticas” – un hábito que puede hacer que te maten en esta Isla cargada de tragedia.

A pesar de las críticas, El Cardenal Ortega fue capaz con el tiempo de persuadir al Gobierno ateo Cubano de permitirle a la Iglesia Católica pastorear sus ovejas. El Arzobispo de Miami Thomas Wenski le dijo al Miami Herald “Es difícil que alguien aquí le pueda decir al Cardenal Ortega como lo hubiese podido hacer mejor. Él hizo lo que pensó que era mejor e hizo una contribución positiva a la Iglesia en Cuba”.

* Autor: Víctor Gaetan. Es corresponsal Senior del Register. Ha sido galardonado internacionalmente y también contribuye para la revista Foreign Affair.

* Artículo reproducido con el debido permiso del National Catholic Register – www.ncregister.com – quien no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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