Espiritualidad y acción política

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Estos días me encuentro pensando mucho acerca del límite, si es que existe, entre lo político y lo espiritual.

Si entras a una librería, mucho del material en lo que está clasificado como ¨espiritualidad¨ está en la sección de ¨auto ayuda¨/Nueva Era. Parte de ella es bastante profunda y profundamente transformadora. Una gran cantidad de ella, bueno, quizás no tanto.

La parte de ¨ayuda¨ de la ¨auto ayuda¨ – con la afirmación de que nosotros estamos de alguna manera necesitando ayuda – tiene sus propios problemas. Y por supuesto, está la inevitable parte donde las soluciones ¨espirituales¨ son comercializadas, convertidas en cosas, mercadeadas y vendidas. Un taller de trabajo aquí, un libro allá, un retiro aquí, un escape allá. Promesas de ¨felicidad¨ y ¨totalidad¨ abundan …

Pero es la parte de ¨auto¨ de estos libros que captura mi atención. La parte de ¨auto¨ afirma sobre todo lo demás que nosotros tratamos los asuntos del ¨espíritu¨ como cuestiones de preocupación y actividades  individuales. Ser generoso, lo entiendo. Cualquier cambio real tiene que empezar desde adentro. En última instancia, si queremos cambiar el mundo tenemos que cambiar nosotros mismos. Tenemos que encarnar el cambio que queremos ver en el mundo. Como Confucio nos recuerda hace mucho tiempo, la virtud comienza en el corazón, y lo ondula hacia adentro y hacia fuera, para transformar a la familia, la comunidad, la nación y el mundo.

Sin embargo, la espiritualidad no es tampoco del dominio exclusivo del individuo. Vamos incluso más allá de la espiritualidad, que ha adquirido una cierta connotación ¨suave¨. Hablemos acerca de lo místico, esa afirmación atrevida y audaz de que hay un misterio sobre el ser humano que se conecta con lo que no se ve en el ser humano a lo mayor en el universo. Y somos nosotros, los espíritus encarnados, que contenemos este misterio. Lo espiritual es también acerca de nuestros cuerpos, los espacios que habitamos en el mundo físico.

El espíritu se mezcla.

Lo físico ya está iluminado con la presencia de lo sagrado. Si nos preocupamos por el espíritu, no podemos evitar preocuparnos por el aquí y ahora. Lo espiritual es acerca de lo social, lo místico es también acerca de lo político. El cosmos dentro de nosotros tiene que ver acerca de cambiar tanto lo humano como cambiar el mundo del que formamos parte. La sanación interna y la sanación del mundo están envueltas entre ellas.

¿No estaba Moisés preocupado con lo político mientras conducía a los Hebreos fuera de su esclavitud?. ¿No estaba Amos preocupado por la política cuando dijo:

“Dejemos a la Justicia fluir como las aguas y a la rectitud como una poderosa corriente¨?

¿No estaba Jesús de Nazaret preocupado con el cambio social y la transformación cuando se sentaba con las prostitutas y leprosos, manteniendo la compañía de los marginados y oprimidos?.

¿No estaba preocupado Muhammad de Arabia con lo político mientras destruía los lazos tribales árabes y en su lugar insistía que los seres humanos se mantuvieran radicalmente iguales, como los dientes de un peine?

¿No estaba el Rabino Heschel preocupado con lo político cuando el dijo que el estaba orando con sus pies  machando por los derechos civiles, cuando el dijo que las Iglesias y las Sinagogas estaban prohibidas mientras que los Afro Americanos fueran tratados como estaban siendo tratados, y cuando el dijo que no podía leer su libro de oraciones cuando cada vez que lo abría el veía imágenes de los niños vietnamitas quemándose con napalm?.

¿No fue el Hermano Martin político cuando el dijo que nuestra preocupación era salvar el alma misma de América  y luchar contra el racismo, materialismo y militarismo?

¿No fue Thomas Merton político cuando el dijo:

“El mundo está lleno de grandes criminales con enorme poder, y ellos están en una lucha a muerte entre sí¨?.

Su profundo despego a la vida del espíritu, incluso al silencio, no le impidió involucrarse con asuntos sobre la justicia e injusticia, o hablar contra el racismo y la guerra.

Un hombre arrodillado ante un sacerdote Ortodoxo durante una protesta el 25 de Enero, 2014 en Kiev, Ucrania (Rob Stothard / Getty Images. Todos los derechos reservados).

Hace algunos años, yo escribí un libro sobre los místicos musulmanes (sufíes) . Me atrajo, en ese momento, el estudio de los místicos porque estaba cansado de la política, y quería perderme en el mundo etéreo, eterno, dulce, y lleno de amor de los místicos. Todo eso estaba allí, por supuesto, y más. Pero mis amados místicos se mantenían actuando social y políticamente. Debido a que ellos amaban a Dios, ellos amaban la creación de Dios. Debido a que ellos les preocupaba el misterio del ser humano, a ellos les preocupaba la totalidad del ser humano.

Muchos de ellos se posicionaban como campeones de los débiles y marginados, y actuaban de una manera que hoy nosotros llamaríamos “decirle la verdad al poder.” En su profundamente jerárquica sociedad –  y admitamos la nuestra hoy en día es todavía profundamente jerárquica, todavía una discrepancia profunda entre los súper ricos y los que no tiene casi nada – estos místicos se mantienen recordándole a los gobernantes que fue Dios quien fue el último Rey. (SI ellos hubieran estado conscientes de subvertir la jerarquía de género igualmente a fondo, quizás ellos hubieran hablado de Dios como el Último Rey y Reina.)

Después de todo, ¿De qué se trata la política?. Búscalo en un diccionario: viene del Latín (a su vez de los Griegos) politikos, de politēs, “ciudadano,” de polis, “ciudad”. Por último política es sobre el arte de ser un ciudadano, acerca de la organización y administración de la polis, la ciudad donde vivimos. Es acerca de la polis, y hoy en día, acerca de la policía, brutalidad policial y la vigilancia de nuestros pueblos.

La combinación de la religión y la política está plagada de abuso potencial. Puede ser fácilmente co-optado por los gobernantes, reyes y reinas, dictadores, y presidentes para prestarles un aura de autoridad sacrosanta. Y puede despojar a los predicadores comunes de la facultad de hablar en nombre de los débiles, y amplificar la voz de aquellos que tienen una voz, pero cuya voz está temporalmente silenciada y marginada.

Por otra parte, ningún gobierno – ya sea Cristiano, Musulmán, Judío, Hinduista o Budista – puede implementar una religión sin interpretarla también. Y cuando el gobierno se involucra en la tarea de interpretar e implementar la religión, estamos quizás en graves problemas.

Quizás esto sea lo mejor que se pueda decir en relación a los líderes espirituales y místicos. Como Martin King nos recordó, no hemos de ser termómetros sino termostatos. No es simplemente para medir donde estamos con respecto a los débiles y marginados, sino el poner en marcha un movimiento que nos ayude a hacerlo bien con Dios y la sociedad.

Es como dijo el reverendo Barber:

“Debemos golpear a esta nación con el poder del amor.

Debemos golpear a esta nación con el poder de la misericordia.
Debemos golpear a esta nación y luchar por la justicia para todos.

No podemos abandonar el corazón de nuestra democracia.

Ni ahora, ni nunca.”

Los líderes espirituales y sus seguidores tienen una tarea complicada en involucrarse con la política. Si, nosotros sabemos que Dios nos llama a hacer justicia, y a amar la misericordia, y,  como Miqueas nos dice, caminar humildemente con nuestro Dios. Si, el caminar humildemente con Dios nos llama a siempre, siempre estar en guardia contra pensar que tenemos el monopolio de la verdad y una marca comercial de justicia.

Pero llega un momento que no es sobre liberal o conservador. Republicano o Demócrata, estado azul o estado rojo, sino sobre lo correcto e incorrecto. Cada vez que miramos a un niño hambriento, un refugiado huyendo, una madre llorando, un padre agonizando, sabemos donde está esa línea. Llega un momento cuando debemos decidir que no seremos compasivos por delegación, sino que tomaremos acción directa para aliviar el sufrimiento de unos y otros, y de nosotros mismos. Es una caminata desordenada, esta caminata del espíritu en la polis. Pero caminar humildemente debemos, en tanto que es para hacer justicia y amar y ser misericordiosos comenzando con los ¨menores de los hijos de Dios¨.

Muchas instituciones religiosas y cívicas (incluyendo a On Being misma) tienen pautas que se abstienen de asumir una postura política a favor de uno u otro candidato. La preocupación fundamental de aquellos que se preocupan por el espíritu, por el misterio del ser humano, no está con una sola elección presidencial, sino con construir la amada comunidad. El objetivo de la política es nada menos que construir la comunidad amada a través de un proceso, sucio, desordenado e imperfecto.

Una oración en la manifestación a favor de Philando Castile en las afueras de la residencia del Gobernador en San Paul.( Lorie Shaull  /  Flickr.  Algunos derechos reservados.) 

Ese intento de demarcar la participación de las instituciones cívicas y políticas en las políticas electorales se vuelve aún más complicada, tanto más turbia, y, sin embargo, quizás irónicamente, aún más urgente, cuando tenemos candidatos que aumentan la demonización a los Afro Americanos, los Musulmanes, los Hispanos, la gente pobre y a los discapacitados a un nivel no visto en generaciones, ¿Cual debe ser la posición de los líderes religiosos en tales tiempos?.

Nunca nos disculpemos por nuestros ideales y pasión. Y nunca nos permitamos poner todas nuestras esperanzas en un solo candidato, una campaña, o incluso un partido. Cada campaña es un paso práctico, comprometido, hacia estar más cerca de conseguir la comunidad amada. Y, si, esto significa trabajando con, aunque no trabajando para, los candidatos  y campañas fallidas, imperfectas.

El espíritu se mezcla, Y nos llama.

Si, el proceso es desordenado y lleno de trampas y peligros potenciales. Pero mantengámonos buscando el espíritu en el seno mismo del desorden de nuestras sociedades.

Levanten todas las voces y canten, empezando con las voces que en estos momentos están muy débiles para cantar, voces que están silenciadas o suprimidas. Es esta cacofonía de voces que componen una sinfonía de espíritus pájaros cantando las canciones de Dios.

Autor: Omid Safi
* Artículo reproducido con el debido permiso de O Being by Krista Tippett. O Being by Krista Tippett no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy. 

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