Mesianismo e idolatría – Parte I

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Hay una clarísima opción de Jesús por el más pobre de la sociedad. Lo que hace de esta opción única es el modo cómo la llevó a cabo. No se acerca al pobre para hacerlo dependiente, sino que lo libera y potencia su vida; tampoco lo hace partícipe de una ideología política, como pudo haber sido la del mesianismo davídico que esperaba Pedro; menos aún, los usa, en nombre de Dios, de forma utilitaria, para defender con violencia el proyecto del Reino.

Si bien es cierto que, en los gobiernos de América Latina, se ha podido apreciar un crecimiento importante en torno a la preocupación por los pobres, no es menos cierto que éstos aún no llegan a ser sujetos de su propia historia, y son manipulados, e incluso convertidos, en muchos casos, en objetos de ideas, modos de vida y adhesiones políticas sobre las que basan todas sus esperanzas.

No basta que los discursos y las políticas públicas sean para el pobre, sino en qué medida les permiten convertirse en sujetos y alcanzar su autonomía. Para ello es importante que toda la sociedad, en sus distintos estratos y posibilidades económicas, comience a entender que debe asumir la causa del pobre, porque sólo podremos crecer como país cuando todos luchemos en contra de los factores que producen dependencia, pobreza, autoritarismo y nos hacen objetos de otros.

En la historia política siempre ha habido sujetos con ansias mesiánicas, o grandes caudillos que han dominado la vida de todo un país, por muchos años, ejerciendo políticas autoritarias y el control total de todas las instancias del Estado. Sin embargo, a ese fenómeno sociopolítico, se le añade hoy en día un elemento pseudoreligioso nuevo. El que a alguien, a quien se la ha denominado mesías (político) se le quiera, ahora, convertir en objeto de culto y sumisión religiosa. Este es el caso de Hugo Chávez, a quien el actual Presidente(e) de la nación, el Sr. Maduro, le juró, en nombre de todos sus seguidores, adhesión absoluta incluso hasta más allá de su muerte, y le ha llamado el Cristo de los pobres.

Cuando toda la vida de un sujeto, desde sus expectativas y creencias más esenciales, hasta el desarrollo económico y la práctica religiosa, gira en torno a la existencia de un sujeto histórico o de un proyecto ideológico, es fácil convertirlo en objeto de culto luego de la muerte de su líder o fundador. Lo que los cristianos conocemos como idolatría, se traduce aquí bajo la forma del culto al mesianismo político, con la pretensión de dar continuidad en el poder a regímenes políticos, haciendo uso de las conciencias y creencias religiosas de los más pobres y necesitados. Es lo que se está viviendo en Venezuela, donde todo el dinero del Estado, fruto de los exacerbados ingresos petroleros de estos últimos años, se ponen al servicio de la continuidad política de un régimen, antes que al bienestar de un pueblo.

Este nuevo fenómeno de culto postmortem a una figura política se ha venido traduciendo en prácticas religiosas que se fusionan con elementos propios de la santería y la brujería, a la vez que se mezclan con celebraciones eucarísticas y oraciones comunitarias presididas por miembros de la comunidad católica y de otras confesiones religiosas. Todo ello es obligado a ser difundido por los medios de comunicación social en cadenas públicas de radio y televisión, con el fin de crear un imaginario religioso popular alternativo, con puros fines políticos, donde el sincretismo es tal, que no permite discernir con claridad la manipulación que está detrás.

Queda preguntarnos, si la Iglesia Católica en Venezuela, así como las comunidades cristianas en general, supieron enseñar, por años, que Dios es Padre de todos, sin excluir a nadie, y que Él es la única Persona a la que debemos adherirnos de forma absoluta. Queda preguntarnos si nos enseñaron que Jesús es el único Mesías y que no hay otro Cristo posible en esta tierra, porque Él es el único Hijo y Señor. Tal vez debemos recordar aquél dilema que Jesús plantea con tanta claridad: “o al César o a Dios” ¿A quién le debemos una adhesión absoluta? ¿dónde está nuestro corazón? ¿a quién le rezamos? En nombre de Dios está naciendo este fenómeno en América Latina, donde la unión del mesianismo político y el culto pseudoreligioso postmortem pretenden dar paso a la continuidad de proyectos ideológicos desgastados mediante la creación de imaginarios religiosos alternativos que pretenden suplir el fracaso de los nuevos líderes que los quieren llevar adelante. Estos intentos ya los habíamos visto en Argentina, con Eva Perón, y ahora en Venezuela con Hugo Chávez. Y seguirán apareciendo mientras haya pobreza y no asumamos la causa de los pobres; mientras no desabsoluticemos el poder y la función de las ideologías; y mientras no reconozcamos, como cristianos, que Jesús es el único mediador de salvación, y no un político, cura o figura social de este mundo.

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Rafael Luciani
Doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Università Gregoriana, Filosofía por la Universidad Pontificia Salesiana e investigación post-doct en la Julius-Maxiliams Universität. Profesor Titular en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas), Straordinario en la Università Pontificia Salesiana (Roma) y en el Boston College (Boston, MA)