Reconciliación y disidencia en la era Trump

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¿Cómo continúa un Católico después de la elección de Donald J. Trump como presidente?

Para muchos Católicos esto no es un problema. De hecho, la mayoría de los Católicos votaron por el Sr. Trump y están supuestamente encantados por su victoria. Los Católicos blancos quizás respondiendo a su mensaje de promover el crecimiento de empleos, sacuden un sistema político ampliamente visto como corrupto, y su oposición al aborto, le sirvió fuertemente a él. Para millones de otros Católicos estadounidenses, sin embargo, la elección evocó decepción, tristeza, incluso temor. La mayoría de los Católicos latinos, por ejemplo, quizás alarmados por sus comentarios sobre inmigración, abrumadoramente votaron por Hillary Clinton.

No importa quien eres, la elección evocó emociones intensas. La última vez que recuerdo a tantas personas viniendo a mí en busca de consejo fue el día después del 11 de Septiembre. Por otra parte, nunca he visto a los Estados Unidos tan amargamente dividido. Así que déjame ofrecerles un camino a seguir a los miembros de mi propia comunidad: los Católicos estadounidenses. Hay dos caminos, que ponen de relieve dos aspectos de nuestras vidas como Católicos en el mundo moderno: la necesidad de reconciliación y la necesidad de disidencia legítima.

Reconciliación

Nuestro país está dividido más dolorosamente. Y mientras más divididos estemos, menos espacio hay para el progreso verdadero y más espacio hay para el odio y la violencia. Por lo tanto, incluso si alguno de nosotros está molesto, debemos buscar la manera de disminuir las divisiones. ¿Qué puede hacerse para aumentar la unidad?.

  1. Reconciliar dándole el beneficio de la duda a las personas.Al comienzo de su texto clásico,Los Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús en el siglo 16, ofrece consejos importantes: “Permitámonos presuponer que cada buen Cristiano está más listo para salvar la proposición de sus vecinos que condenarlo. Si no puede salvarlo, permítanle preguntar como el lo cree.” En los círculos de los Jesuitas, llamamos a este dar a alguien el “signo más.” En el lenguaje común, significa darle a alguien el beneficio de la duda.

En otras palabras, mientras buscamos unir al país esto debemos “presuponer,” por difícil que esto sea, que tanto los partidarios de Trump como los partidarios de Clinton estaban buscando el bien del país. Darle a alguien el “signo más” es un prerrequisito para escuchar. Porque ¿cómo es posible escuchar a alguien si tu piensas que ellos tienen malas intenciones?. Es difícil, pero necesario.

También es importante porque tendemos a juzgar a otros por sus acciones y a nosotros por nuestras intenciones. Recuerden que la otra persona probablemente cree que ellos mismos tienen buenas intenciones, como tú. Además, tratar de reconciliar es imposible si tu piensas que la otra persona no sirve para nada. Trata de darles, tanto como sea posible, el signo más.

Esta es una cosa difícil de escribir. Ya que sé que muchos de los críticos de Trump se preguntan como sus partidarios pudieron haber votado por alguien que hizo comentarios racistas, misóginos y xenófobos. La gente me pregunta: ¿Cómo puede alguien darle el beneficio de la duda a Donald Trump, dado lo que él ha dicho?. Como lo puso un amigo hoy en día, “Si alguien dice que te van a golpear en la cara, dirías, ‘Ves lo que sucede’?”

Ese es un punto justo. Muchos de nuestros hermanos y hermanas están asustados por la elección de alguien que hizo, tanto en público como en privado, comentarios odiosos. Pero el único camino hacia la reconciliación, como Jesús nos muestra, es conocer a alguien que parece ser tu enemigo con caridad. “Amar a tus enemigos” no es algo nuevo. O como Dorothy Day dijo, “Es el amor el que quemará los pecados y odios que nos entristecen.”

¿Qué sucede si las personas demuestran ser poco fiables? ¿Si nuestros líderes lo son? ¿Si le damos el beneficio de la duda y ellos nos fallan? Más de esto en la segunda parte de este ensayo, sobre la disidencia.

  1. Reconciliar escuchando. Muchos estadounidenses parecen cada vez más incapaces de escuchar. Quizás sea porque estamos más informados de las noticias a través de ¨difusión selectiva¨ — estaciones de televisión que satisfacen nuestros propios intereses y redes sociales como Facebook y Twitter, donde solamente seguimos a aquellos que están de acuerdo con nosotros y sólo a personas que comparten nuestras opiniones. En consecuencia, tendemos a pensar que ya sabemos   que pensar. ¿Así que para que escuchar? A veces cuando estamos hablando con una persona te sientes que todo lo que ellos están esperando es que pares de hablar, para que ellos puedan hablar. Esto causa una mayor división, ya que menos y menos personas pueden incluso entenderse entre sí.

Yo también soy culpable de esto.

Para reconciliar, trata de escuchar. Quiero decir, realmente escuchar. Si quieres un consejo seguro en como hacerlo, trata lo que nosotros solíamos llamar en asesoramiento espiritual, “escucha reflexiva.” Ve si puedes resumir o “reflejar” lo que una persona acaba de decir, esto te forzará a escuchar. Por ejemplo, “Suena como que estas preocupado sobre lo que la inmigración le hará a este país, eso es correcto?” O suena como que ¨tu sientes que los pobres esta siendo ignorados por el Gobierno. Te estoy captando?”

Estarás sorprendido cuanto esto no sólo ayuda a la otra persona sentirse escuchada sino que aumenta tu capacidad de escuchar, y de comprender.

  1. Reconciliar evitando insultos, argumentos ad hominen y expresiones de odio.Esta temporada de campaña estuvo llena de insultos a todo nivel. Argumentos Ad hominem — es decir, “en contra de la persona,” en lugar de un determinado tema —eran rampantes. “Mujer desagradable” fue el menor de estos comentarios. Sin embargo un poco conocido, y menos observado, diciendo de Jesús pone este tipo de discurso en el foco.

“Si llamas a tu hermano raca [idiota],” dice Jesús en el Evangelio de San Mateo, “usted estará sujeto al Sanedrín, y quien diga ‘tonto’ será sujeto al fuego de Gehena” (5:22).

Los estudiosos del Nuevo testamento dicen que cuando los Evangelios preservan palabras en Arameo, como raca, nosotros podemos estar casi 100 por ciento seguros que ellas vinieron directamente de los labios de Jesús y no se añadieron en la última edición de los Evangelios. Estas palabras en sí mismas causaron tal impresión a los que las escucharon originalmente que ellos recordaron la frase Aramea exacta y la pasaron vía narraciones orales.

En otras palabras, la preservación de la palabra Aramea para “idiota” significa que esta es una de la más históricamente auténtica de los dichos de Jesús. Y a su vez puede ser una de las más pasadas por alto. Bastante literalmente, Jesús dijo que si insultas a alguien, serás responsable ya sea ante el Consejo Judío, o peor aún, ante al ¨fuego de Gehena.¨ Gehena, el sitio fuera de los muros de la ciudad de Jerusalén, donde la basura se quemaba sin cesar, era la imagen que Jesús usó a menudo para el infierno.

Así que si insultas a alguien, o participas en un discurso de odio, no sólo están engrosando nuestro discurso, y no solo están siendo poco caritativos, sino que también irás al infierno Dice Jesús. Recuerda esto, si eres un seguidor de Trump y estas tentado a llamar a un partidario de Clinton “asesino de niños.” Recuerda esto, si eres un seguidor de Clinton y estás tentado a llamar a los partidarios de Trump ¨fascista.” Los insultos no hacen nada para avanzar en la reconciliación, ya sea en persona o en las redes sociales. Esto simplemente perpetua, y usualmente intensifica, el odio.

  1. Reconciliar a través del perdón. La lectura del Evangelio el día anterior a la elección (Lc 17:1-6) relató el dicho de Jesús que si alguien te ofende siete veces en un día, debes perdonarlo o perdonarla. Si, es difícil, probablemente lo más difícil de todas las enseñanzas Cristianas. Y va en contra del grano de venganza, amargura y ajustes de cuenta que parecen dominar a la cultura estadounidense y nuestro mundo político. Particularmente inquietante fueron los gritos de los Demócratas y Republicanos durante la elección acerca de cómo ellos nunca podrían, ni trabajarían con ¨aquel hombre¨ o ¨aquella mujer”.

El perdón es más importante que nunca. Y es un doble regalo, Es un regalo para el perdonado, porque permite que la curación suceda entre ellos y tú mismo. Y es un regalo para ti, porque nos libera de la carga de resentimiento que puede agriar un alma, y un país.

El perdón debe ser una parte de nuestra reconciliación.

  1. Reconciliar a través de la oración.Tienes que orar. ¿Por qué? En primer lugar, para pedir la ayuda de Dios. Mucho de lo cual yo he sugerido que requiere gracia. Dios necesita ayudarte a que le des al beneficio de la duda a alguien, que escuches, que evites los insultos y perdones. Es difícil. La oración es un recordatorio que somos dependientes de Dios. Necesitamos ayuda.

Pensando en el Creador del Universo es también un recordatorio de que no puedes hacerlo todo. Docenas de personas me han preguntado en los últimos días sobre cómo ellos pueden ayudar a reconciliar al país, sanar las divisiones. Ellos parecían abrumados por la tarea. Tu puedes ayudar, por supuesto, pero no lo puedes hacer tú mismo, ya sea que estés en un cargo público o no.

Y Dios no espera que lo hagas. Como un Jesuita sabio que conozco le gusta decir, “Hay Buenas Noticias y hay Mejores Noticias. La Buena Noticia es: Hay un Mesías. La Mejor Noticia es: No eres tú. ” Tú no lo puedes hacer todo, porque tú no eres Dios. Así que sólo hazlo lo mejor posible.

Así que necesitas orar – por la gracia, la sabiduría y el coraje. La reconciliación y la unidad son trabajo duro. Y mientras estás en ello, ora por aquellos estadounidenses que solías considerar tus enemigos, pero que en realidad son tus hermanos y hermanas.

Disentimiento

La reconciliación es importante. Pero como Católicos estamos llamados a hacer algo más también. Somos los llamados a expresar la disidencia legítima, oponernos a las políticas represivas, de defender a los pobres y a los marginados. Los Católicos, por ejemplo, estamos llamados a ser “pro-vida.” Y yo mismo soy pro-vida, de pie en defensa de toda vida humana desde la concepción natural hasta la muerte natural. Ya que pro-vida significa estar para la vida en todas las etapas: esto incluye oponerse a la pena de muerte y a la eutanasia. Esta es una de las razones por la que no estuve de acuerdo con Hillary Clinton en todo lo que ella defendía: ella estaba fuertemente “pro-elección.”

Pero también estoy con los pobres y marginados, con cualquiera que se sienta excluido, y este era mi más grande problema con la campaña de Donald Trump. No sus bravatas ni su grandilocuencia, sino el infundir temor y su división de este país en categorías de nosotros y ellos.

Ahora que la elección terminó, las políticas del Sr. Trump son un blanco legítimo para críticas por parte de la Iglesia. Antes de una elección, una crítica tan dura hubiera sido vista como “apoyando,” lo que no debe hacer la Iglesia. Ahora, sin embargo, como siempre ha sido el caso en la esfera política, la Iglesia y sus miembros, pueden ofrecer críticas legítimas acerca de los líderes políticos.

Debemos orar para que el Sr. Trump  tenga una exitosa presidencia, porque eso significaría éxito para el país, para todos los estadounidenses. Pero tampoco podemos tener miedo de hablar, sin importar el costo. Y cuando el Sr. Trump dice que el quiere levantar un muro para mantener alejados a los Mexicanos, por la fuerza deportar a los   inmigrantes indocumentados y oponerse a las empresas que ayudan a detener los efectos del cambio climático, debemos tomarlo en serio. Es ridículo subestimarlo tanto a él como a su determinación.

En ese orden de ideas, los Católicos deberían oponerse, vocal, enérgica y activamente, aquellos aspectos de sus diseños de políticas que procuren marginar o excluir personas. Las enseñanzas sociales católicas nos piden ser solidarios con los pobres. Y la tradición católica ha estado llena de santos que se levantaron contra sistemas políticos represivos: Dorothy Day, Daniel Berrigan, Oscar Romero, en los tiempos modernos; así como Juana de Arco, Thomas de Becket y Thomas More en el pasado. Los Católicos tiene un deber moral absoluto para disentir. Ser “pro voz.” Así que defiendan.

  1. Ser pro voz, en nombre de los pobres.No fue una sorpresa que muchas personas creyeran que la elección de Donald Trump impulsaría la economía. Su reputación pública es la de un maestro hombre de negocios. Tampoco era de extrañar que fuera visto como un hombre que sacudiría el sistema económico, para que este pudiera ser más justo, menos corrupto, más inclusivo. Este era un hombre cuyo más famoso enunciado en su programa televisivo de realidad fue ¨Estas despedido.¨

¿Pero sus políticas ayudarán a los pobres? Yo lo dudo. También muchos economistas.

Hay un dicho en el Este de África, Wapiganapo tembo, nyasi huumia. “Cuando los elefantes pelean, es la hierba la que sufre.” En otras palabras, en medio de las más grandes batallas políticas, es el pobre el que siempre pierde. Debemos orar para que estas cosas funcionen de manera diferente, pero desde mi punto de vista, parece probable que los pobres – los sin techo, los desempleados, los subempleados, los discapacitados, los enfermos – serán los que más sufran en la próxima administración. Razón de más para que los Católicos hablen en nombre de los materialmente pobres cuando pareciera que sus intereses están siendo pisoteados, como la hierba.

  1. Ser pro voz, contra el racismo.La elección del Sr. Trump fue celebrada por David Duke, el ex “Gran Mago” del Ku Klux Klan. “Este fue una de las noches más excitantes de mi vida!” el dijo. Y hoy fue anunciado que al menos un “capítulo” del KKK estaba celebrando una fiesta . Durante la campaña el Sr. Trump inicialmente se negó a repudiar el apoyo del KKK, yendo tan lejos como para decir que  no sabía lo que significaba “supremacía blanca”. Ha habido numerosos incidentes de la elección del Sr. Trump que proporcionan por lo menos un estímulo para los elementos racistas en nuestro país.

El racismo es un  pecado.  Punto. Debe ser impugnada por los Católicos a cada paso. Incluso el indicio de racismo, incluido un fino velo de racismo, debe ser combatido.

  1. Ser pro voz, contra la xenofobia.La retórica del Sr.. Trump a menudo demoniza a los refugiados y a los inmigrantes. Quizás su comentario más famoso durante la campaña fue decir que la comunidad de inmigrantes Mexicanos en este país incluía criminales y ¨violadores.¨ Este fue otro ejemplo de su tendencia a dividir a las personas en ¨nosotros¨ y ¨ellos¨. Construir un muro para mantenerlos a ¨ellos¨ fuera fue un elemento clave de su campaña.

La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, sin embargo han estado constantemente instando a las personas a considerar las necesidades de estos inmigrantes – no sólo a los Mexicanos, sino también a los Sirios expulsados de su país, y de hecho todos los que están esperando tener una mejor vida. De hecho, unos pocos días después de la elección, el Arzobispo José Gómez de Los Ángeles, reconociendo el  temor de los inmigrantes a raíz de la elección, hizo un llamado a una mayor atención a las necesidades de los inmigrantes indocumentados.

El Papa Francisco estaba en lo correcto el año pasado cuando dijo , en respuesta al plan del Sr. Trump de que “Una persona que piensa solamente acerca de construir un muro, donde sea que ellos estén, y no construir puentes, no es Cristiano. Este no es el Evangelio.”

La xenofobia, el miedo a lo desconocido, debería ser el anatema para los Católicos. Especialmente para los Católicos estadounidenses. Somos una nación de inmigrantes. Y nosotros mismos fuimos cortados con el mismo cepillo sucio de la xenofobia y  nativismo . No debemos perpetuar este odio. “No debes oprimir a un extranjero residente,” como Dios dice al pueblo Hebreo, “conoce el alma del extranjero, porque extranjero fuiste en la tierra de Egipto” (Ex. 23:9).

  1. Ser pro voz, para el medio ambiente.El Sr. Trump ha dicho que el cree que el calentamiento global es un engaño inventado por los Chinos. No es así. Es un peligro claro y presente, y como el Papa Francisco señaló en “Laudato Si’,” una encíclica que es ahora parte del cuerpo de las enseñanzas sociales católicas, estamos obligados a cuidar de “nuestra casa común” y prestar atención a las formas en que el cambio climático afecta de manera desproporcionada a los más pobres entre nosotros. ¿Por qué sucede esto? Por la sencilla razón de que sus vidas ya son frágiles, y ellos no pueden darse el lujo de mudarse de las zonas en peligro.

Por supuesto, el ánimo de lucro, el cual el Sr. Trump ha defendido, se considera que sobrepasa el cuidado del medio ambiente. El Papa Francisco entiende esto claramente: “Los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial donde la prioridad tiende a ser dada a la especulación y la búsqueda de beneficio económico, que no toman en cuenta el contexto, por no hablar de los efectos sobre la dignidad humana y el entorno natural”.

El medio ambiente está bien bajo en la lista de preocupaciones del Sr. Trump. De hecho, el ha propuesto dirigir la transición en la Agencia de Protección Ambienta de  alguien que refuta la noción del cambio climático.

Los Católicos están llamados a la reverencia y abogar por la creación de Dios. De hecho, el Papa Francisco propuso como una de las nuevas bienaventuranzas, “Bienaventurados aquellos que protegen y cuidan nuestra casa común.” Ser pro-voz, entonces, para el medio ambiente.

  1. Ser pro voz, para todos los marginados.Los inmigrantes indocumentados no fueron los únicos que expresaron su temor a raíz de la elección del Sr. Trump. Y con esto no quiero decir que ellos profesan su elección para ser algo ilegítima. En cambio, ellos tienen miedo por sus medios de vida y sus vidas. Las personas L.G.B.T., mujeres, afroamericanos, y muchas minorías, grupos étnicos, y otras comunidades que se sienten marginadas, ahora temen por su futuro. Aquellos que son marginados a menudo se sienten y con frecuencia no tienen voz. Razón de más para hablar a favor de los grupos minoritarios y marginados cuando ellos sienten que sus comunidades e incluso sus vidas están siendo amenazadas. Estos son los ¨últimos¨ de nuestros hermanos y hermanas, y Jesús nos pide estar con ellos (Mt. 25).

Estos dos caminos – de la reconciliación y la disidencia – pueden parecer contradictorios. Pero este es el camino dual de Jesús, y él nos invita a seguirle. Instó a las personas a unirse. “Que todos ellos puedan ser uno,” dijo Él (Jn 17:21). Pero el no tenía miedo de hablar, incluso si ofendía a las personas. Incluso si, paradójicamente, esto causaba desunión. “¿Tú crees que yo he venido a traer la paz a la Tierra? No, te diré, más bien división” (Lc 12:51).

Los Católicos tienen una responsabilidad especial de trabajar con caridad para reconciliar en medio de estos tiempos de división. Ellos también tienen la responsabilidad de defender, claramente, en voz alta y apasionadamente, por los derechos de los más pobres y los más marginados entre nosotros.

Se pro unidad y pro voz.

* Artículo reproducido con el debido permiso de América the Jesuit Review. América the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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