Imitadme

Jesús tiene una buena razón para llamar a los pescadores, como lo hace en el pasaje del Evangelio de este domingo. Al principio, se dio cuenta del alcance de los planes de Su Padre y Él necesitaba ayuda. Su primer acto fue llamar cuatro pescadores. En la época de Jesús, los pescadores eran individuos y empresarios libres. El trabajo era arduo y peligroso. El Mar de Galilea está sujeto a tormentas e incluso cuando hace buen tiempo, trabajar en el Mar plantea riesgos. Los pescadores tenían que ser lo suficientemente inteligentes para dominar dos artes – navegar y pescar – sólo para realizar sus tareas diarias.

El trabajo era gratificante, sin embargo, El historiador Josefo menciona que las aldeas a lo largo del Mar de Galilea eran algunas de las más ricas en la provincia (Guerras, III.10.8). En los pescadores, Jesús encontró socios motivados, trabajadores, inteligentes, seguros de sí mismos y valientes, No es ninguna sorpresa , dada las cualidades, que escuchamos más tarde las discusiones sobre quién fue el más grande, o sobre los planes para sentarse a la derecha y a la izquierda de Jesús.

Sin embargo, las cualidades que los enorgullecían, no eran lo que Jesús buscaba. Jesús quería individuos que supieran pescar, que supieran como lanzar una red una y otra vez incluso cuando no tuvieran éxito a la primera vez. Quería individuos que fueran flexibles, que pudieran cambiar su bote cuando los vientos y las corrientes cambiaran. Quería individuos que no tuvieran miedo de adentrarse en aguas profundas, que supieran como confiar en sus herramientas y en entre ellos mismos.

“El mundo en su forma presente está pasando,” San Pablo nos dice en la segunda lectura de este domingo. Dios estaba listo para revelar su Reino; cuando llegara, dejaría sin sentido todos los falsos valores y objetivos del mundo. Marcos el Evangelista creyó esto también. En su Evangelio, el trabajo de Jesús tiene una urgencia que se asemeja a una misión de rescate. Jesús necesitaba discípulos que pudieran ayudar a reunir a tantas personas como fuera posible antes de que el mundo llegara a su fin. Él encontró en los pescadores exactamente los socios que Él necesitaba para llevar a cabo esta tarea.

El mandato de Jesús a sus primeros discípulos de seguirlo fue más que un llamado a caminar unos pocos pasos detrás de Él, como lo hicieron los estudiantes de su época cuando caminaban con su maestro. El comando incluía una instrucción para imitar la manera que Él vivía. Al unir las habilidades de su oficio con las palabras y las obras de Jesús, las habilidades prácticas de Jesús encontraron una realización que trascendió cualquier éxito que pudieran haber imaginado. Ellos eran pescadores en el Reino de Dios.

Las Profecías como la de Jonás en la primera lectura de este domingo ayudaron a la Iglesia primitiva a comprender que la llegada del Reino se retrasó. El mundo no terminaría hasta que los discípulos de Cristo hayan terminado sus tareas. Jesús incluyó personas de muchos oficios entres sus primeros discípulos, por lo que hoy Cristo continúa llamando a un grupo diverso a ayudar a construir el reino. Su llamado sale todos los días, “Imítame, y Yo te haré albañiles de una nueva Jerusalén, cocineros en la fiesta celestial, conductores del carruaje divino, vendedores de la palabra de Dios y enfermeras de almas.” Cuando le ofrecemos a Cristo nuestras habilidades, Él encuentra el compañero que necesita. Cuando seguimos su ejemplo, encontramos la realización del trabajo de nuestra vida.

Este artículo también apareció impreso, bajo el título “Imitate Me,” en la edición del 08 de Enero, 2018.  Michael Simone, S.J., enseña Escrituras en la Escuela de Teología y Ministerio del Boston College.
* Artículo reproducido con el debido permiso de America the Jesuit Review. America the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.
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